Una nueva crisis comercial se avecina en América del Norte tras el anuncio del gobierno de Estados Unidos de imponer aranceles de 30% a las exportaciones mexicanas, incluidos los productos agroalimentarios, medida que iba a entrar en vigor el 1 de agosto, pero que se pospuso por 90 días.
La medida, respaldada por la Ley de Emergencias Económicas Internacionales (IEEPA e inglés), responde a temas ajenos al comercio agrícola, como el combate al fentanilo, la migración y el déficit comercial bilateral, lo que ha encendido las alarmas en todo el sector, advierte la empresa de consultoría Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GCMA), en su reporte “Con los alimentos no se juega: aranceles entre socios ponen en riesgo la integración agroalimentaria de América del Norte”.
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La decisión amenaza con desarticular una de las cadenas agroalimentarias más integradas y eficientes del mundo, ya que México exporta alimentos a Estados Unidos por un valor de 49,300 millones de dólares (mdd) anuales, lo que incluye frutas, hortalizas, cerveza, carne y otros productos clave.
Además, Estados Unidos exporta productos agropecuarios a México por 30,100 mdd.
Sin embargo, la amenaza del arancel de 30% ha generado incertidumbre, ya que aún no se ha aclarado si los productos que cumplen con las reglas de origen del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) estarán exentos de los nuevos aranceles.
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Entre los productores se teme que los efectos podrían ser devastadores, tales como inflación alimentaria en los tres países del bloque, pérdida de competitividad y una posible reconfiguración de las cadenas de suministro hacia otros mercados como Brasil o Canadá.
El 24 de julio, organizaciones agroalimentarias de Estados Unidos y Canadá enviaron una carta conjunta a los gobiernos, para exigir la eliminación de los aranceles, en aras de garantizar el abasto estable de alimentos frescos durante todo el año.
Si bien la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo declaró que México “no cederá ante presiones injustificadas” y Marcelo Ebrard Casaubón, secretario de Economía, ha dicho que se puede activar un panel de controversias del T-MEC, también se analiza la posibilidad de aplicar aranceles espejo a productos estadounidenses.
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Además, México ha propuesto medidas de cooperación regional en materia antidrogas, migración laboral y fortalecimiento del sistema agroalimentario norteamericano, que actualmente representa el 18% de la producción mundial de alimentos.
Se cual sea el camino que decida tomar el gobierno mexicano —panel de controversias, guerra comercial o un acuerdo que refuerce el T-MEC— es fundamental que se eliminen los aranceles a los productos agroalimentarios y que desaparezca cualquier riesgo de aranceles, en el mejor interés de los productores, los comercializadores, el abasto de los mercados y la disponibilidad y asequibilidad para los consumidores.
“El comercio agroalimentario entre México y Estados Unidos no es un simple intercambio comercial, sino un sistema interdependiente que garantiza seguridad alimentaria para millones de personas. Alterarlo por razones políticas ajenas al sector pone en riesgo la estabilidad económica y social del bloque norteamericano”, advierte GCMA.
GC





