Pese al discurso oficial, México ha reducido su gasto en salud pública, ya que destina un equivalente a 2.6% del Producto Interno Bruto (PIB) a este segmento de gasto, por debajo de la recomendación internacional que es de 6% del PIB, de ahí que 25% de las personas que requieren de servicio médico no acude a una consulta profesional para atenderse.
Mientras que el gobierno federal asegura que ha alcanzado una cobertura prácticamente universal con el programa IMSS Bienestar, dirigido a la población no derechohabiente de ninguna institución de seguridad social, el hecho es que no todos los mexicanos encuentran en las instituciones públicas la solución a sus problemas de salud.
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A pesar de 70% de la población está afiliada al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), al Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) o bien a otros esquemas como el de Petróleos Mexicanos (Pemex), seis de cada 10 pacientes acude con médicos privados o a los consultorios adyacentes a las farmacias, aseguraron Judith Méndez, directora adjunta del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP), y Carlos Vázquez, investigador del programa de Gasto púbico y rendición de cuentas de México Evalúa.
Con base en datos de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2024, los expertos refirieron que 118 millones de mexicanos tuvieron problemas de salud. De este universo, 34% recibió atención en las instituciones públicas, mientras 41% acudió con médicos privados, al tiempo que 25% no se atendió en ningún lugar.
La mitad de estos últimos encontró su remedio en la automedicación, a pesar de los graves riesgos que esta práctica representa.
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Los datos de la ENIGH refieren asimismo que, entre 2018 y 2024, la atención con médicos privados aumentó de 37% a 41%, en detrimento de la asistencia a instituciones públicas, que disminuyó de 44% a 34%.
Además, el grupo que se quedó sin servicio médico pasó de 20% a 25%, en el mismo periodo.
En paralelo, el “gasto de bolsillo” —esto es el dinero que destinan los hogares de sus propios ingresos— para la salud, aumentó 116% entre 2018 y 2024, al pasar de 222 pesos trimestrales a 480 pesos trimestrales, en promedio.

“Cuando se tiene baja inversión en sector salud esto se asocia con elevado gasto de bolsillo, mientras menos invirtamos como país, más gasta la gente de su dinero”, aseguró Judith Méndez.
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La experta hizo ver que el presupuesto público destinado para la salud se distribuye de manera diferenciada por tipo de institución, lo cual se refleja en el servicio y en la capacidad de ayudar a los pacientes.
El proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) de 2026 otorga un aumento de 58,000 millones de pesos (mdp) adicionales al IMSS, contra un aumento de 1,200 mdp al IMSS Bienestar y un incremento de 1,929 mdp para el programa “Salud casa por casa”, enfocado este último principalmente en la población anciana del país.
Si se hace una división del presupuesto del programa “Salud casa por casa” entre la población objetivo, se advierte que el gobierno gastará unos 250 pesos por persona, una cantidad insuficiente para ofrecer un servicio de calidad, comentó Méndez.
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“Varias unidades médicas carecen de insumos para operar, por eso el aumento del gasto de bolsillo” de la población, insistió la experta.
Sobre los cambios en la planificación del gasto público que el gobierno federal pudiera hacer para mejorar y ampliar los servicios públicos de salud, Judith Méndez hizo ver que, si bien una mayor inversión no es la única medida, sí es necesario hacerla, ya que países con desarrollo similar como Colombia, Chile y Argentina, gastan el doblo que México, en relación con el PIB.
Incluso, Dinamarca —el país que mencionaba el expresidente Andrés López Obrador como referencia— destina entre 9% y 10% del PIB en salud.
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“Sabemos que el tema de presupuesto no es lo único que se necesita para una cobertura universal, pero el dinero sí es una variable necesaria”, aseguró Méndez.
Carlos Vázquez comentó que México puede aprender de otros países como Brasil y Dinamarca para reestructurar al sector público de salud, ya que esos países no tienen esquemas fragmentados, sino que existe un solo servicio público, que está disponible para trabajadores formales y los desempleados.
Los dos países mencionados igualmente establecen colaboraciones con el sector privado, por ejemplo, para abastecer los medicamentos a la población; sobre todo en Brasil, el paciente acude a una farmacia a surtir su receta, de la cual solo paga 10% del precio, mientras que el 90% lo cubre el gobierno con subsidios.
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Asimismo, en Dinamarca existen expedientes médicos digitales que están cargados en un sistema que pueden consultar médicos privados y públicos, así como los farmacéuticos, lo cual ahorra tiempo y esfuerzos a la hora de brindar los servicios que requiere el paciente, si es que requiere de atención cada vez más especializada.
GC





