Los precios tope a las gasolinas impulsados por el gobierno federal representan una medida riesgosa que podría generar distorsiones en el mercado energético, desabasto de combustibles y efectos inflacionarios adicionales, advirtió Gabriela Siller, directora de Análisis Económico y Financiero de Banco BASE.

En conferencia de prensa, la economista sostuvo que la imposición de controles de precios históricamente termina provocando problemas de oferta, particularmente cuando el precio regulado reduce los incentivos económicos para comercializar ciertos productos.

Los precios tope nunca han sido una buena idea. […] La historia muestra que cuando hay un precio tope, eventualmente esto genera un desabasto”, señaló.

La especialista explicó que, en el caso de las gasolinas, un control de precios sobre la Magna podría ocasionar escasez de ese combustible si las estaciones de servicio enfrentan menores márgenes o dejan de tener incentivos suficientes para ofrecerlo.

En ese escenario, agregó, los consumidores se verían obligados a migrar hacia combustibles de mayor precio.

Si no hay gasolina Magna, la gente se ve obligada a comprar Premium, pero no es el mismo costo”, indicó.

De acuerdo con Siller, ese efecto no solo afectaría directamente el bolsillo de los consumidores, sino que “esto puede tener efectos dominó sobre los precios de otros productos”, advirtió la economista, quien considera que el uso de topes en lugar de mayores estímulos fiscales al IEPS responde a la limitada capacidad fiscal del gobierno para absorber el incremento en los precios internacionales de los combustibles.

En ese sentido, explicó que otorgar mayores estímulos al impuesto especial generaría un deterioro adicional en las finanzas públicas, por lo que la administración federal estaría buscando mecanismos alternativos para contener los precios al consumidor.

Como las finanzas públicas ya están muy comprometidas, por eso creemos que el gobierno está buscando a los gasolineros para que tengan un precio tope”, comentó.

Siller recordó que el estímulo al IEPS no constituye un subsidio directo, sino una reducción en la recaudación tributaria del gobierno sobre los combustibles.

No obstante, advirtió que ampliar esos apoyos también abriría mayores presiones sobre las cuentas fiscales en un momento de creciente rigidez presupuestaria.

Los estímulos sobre el IEPS generan más huecos en las finanzas públicas”, apuntó.

La analista de Banco BASE agregó que el contexto actual de mayores precios internacionales de energéticos —impulsados por tensiones geopolíticas y conflictos en Medio Oriente— incrementa la presión sobre el gobierno para contener el costo de los combustibles sin deteriorar más la posición fiscal.

En ese entorno, consideró que la imposición de topes de precios puede convertirse en una solución temporal con efectos económicos adversos de mediano plazo.

Esta es una medida muy, muy riesgosa”, concluyó.

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