Las principales limitantes para que los jóvenes contraten y utilicen los servicios financieros formales en México no son únicamente económicas, ya que predominan obstáculos “conductuales”, de conocimiento y de confianza, así como prejuicios de género, que afectan a las mujeres.
Estas barreras se amplifican por el entorno de vulnerabilidad socioeconómica en el que vive la mayoría de los estudiantes de nivel medio superior y superior del país, refiere el estudio “Cambiando hábitos para mejorar vidas”, presentado hoy por la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV).
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Actualmente, menos de la mitad de los jóvenes posee productos financieros formales, aunque aproximadamente 70% utiliza servicios digitales, tanto regulados como informales, principalmente para el entretenimiento o compra de mercancías, refiere el reporte, que se elaboró a partir de un estudio de caso, que es la comunidad del Instituto Tecnológico de Roque, ubicado en el estado de Guanajuato.
La CNBV encontró que el desconocimiento, la falta de confianza en los bancos y las emociones derivan en comportamientos financieros poco saludables entre los jóvenes, como ausencia de metas, falta de seguimiento de gastos y decisiones tomadas sin comparar alternativas.
Una intervención con base en neurociencia
Para atender estas deficiencias, la CNBV aplicó un programa piloto de educación e inclusión financiera, con un enfoque integral que combinó talleres presenciales, ejercicios para aplicar aprendizajes, mesas redondas, visitas de una institución, materiales audiovisuales, infografías y mensajes de refuerzo.
El diseño incorporó principios de ciencias del comportamiento y neurociencia, con el objeto de modificar paulatinamente hábitos financieros arraigados.
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A pesar de que la intervención tuvo una duración limitada, la evaluación comparativa entre las encuestas iniciales y finales mostró avances relevantes.
El registro de ingresos y gastos aumentó 20%
El establecimiento de metas financieras subió 12%
La tenencia de productos de ahorro y digitales creció cerca de 10%
La solicitud de crédito tuvo un incremento de 6%
Mientras que la confianza en instituciones financieras avanzó 11%.
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El análisis también identificó diferencias en el impacto según el perfil del estudiante. El grupo con mayor mejora fue el de hombres con ingresos fijos, estudiantes y emprendedores de aproximadamente 21 años, inscritos en quinto semestre de ingeniería en tecnologías de la información y las comunicaciones.
La CNBV destaca este resultado como un elemento clave para diseñar futuros programas segmentados, especialmente para mujeres y jóvenes con menos recursos.
Juventud: ingresos diversos, ahorro informal y acceso limitado
El estudio aporta evidencia sobre cómo los jóvenes mexicanos administran su dinero, independientemente de su nivel económico.
Sus ingresos provienen principalmente de empleos informales, pequeños emprendimientos, becas o apoyos familiares. Estos recursos se destinan a gastos escolares, transporte y necesidades personales.
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Muchos deben ahorrar para gastos imprevistos, pero lo hacen mediante mecanismos informales. En casos de emergencia o para adquirir bienes como computadoras, recurren a préstamos entre familiares o a intermediarios que sí tienen productos del sistema financiero formal.
La CNBV sostiene que los servicios financieros pueden mejorar significativamente la vida de los jóvenes mexicanos, siempre que sean diseñados conforme a sus necesidades y se promueva su adopción mediante herramientas sustentadas en la economía del comportamiento.
“Empujoncitos” para transformar hábitos
El estudio concluye que hacer conscientes a los jóvenes de sus procesos mentales al tomar decisiones financieras ayuda a mejorar su pensamiento crítico y su capacidad para administrar su dinero.
Para contrarrestar sesgos cognitivos, la intervención incorporó pequeños estímulos conductuales, tales como campañas de mensajería con reglas simples, formatos para ordenar metas, registro habitual de gastos, incentivos económicos y otros elementos.
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Sin embargo, el hallazgo más relevante consistió en que enseñar a los estudiantes a generar sus propios “empujoncitos internos” —como usar una alcancía, reducir compras impulsivas o mantener visibles sus reglas financieras— resultó efectivo.
La CNBV concluye que futuros programas de inclusión financiera para jóvenes deben considerar diferencias por género, nivel de ingresos y contexto socioeconómico para lograr una inclusión financiera más equitativa y transformadora.
GC





