El subgobernador del Banco de México (Banxico), Jonathan Heath, consideró apropiado detener en el corto plazo los recortes a la tasa de interés, mientras la inflación de servicios mantenga su persistencia y las expectativas continúen por encima del objetivo de 3%.

En entrevista para Norte Económico, el podcast de Grupo Financiero Banorte, Heath sostuvo que es momento de esperar nuevos avances en la inflación antes de volver a reducir la tasa.

Creo que ahorita donde estamos es apropiado detenernos, creo que tenemos que ahora sí ver avances, ya no podemos seguir bajando tasas, yo creo que en el corto plazo por lo menos”, declaró.

Para explicar su postura, el subgobernador recordó que las decisiones de política monetaria pueden tardar hasta dos años o incluso más en reflejarse en la economía. Aunque la tasa entró en terreno neutral desde octubre del año pasado, señaló que todavía operan los efectos de la postura altamente restrictiva aplicada durante los años anteriores.

Esos efectos rezagados, añadió, aún pueden contribuir a contener las presiones inflacionarias. Por esa razón, consideró necesario evaluar la evolución de los precios antes de realizar nuevos movimientos en la tasa de interés.

Para que exista espacio para otra reducción, Heath señaló que la inflación tendría que acercarse al objetivo de 3% con el respaldo de la inflación subyacente, en lugar de depender únicamente del comportamiento de la no subyacente.

Si se cumplen esas condiciones, estimó que podría pensarse en otro recorte “de aquí quizás a un año”, aunque aclaró que no podía precisar el momento. En ese escenario, la tasa podría ubicarse cerca de la parte baja de la zona neutral, pero sin entrar en terreno expansivo.

“A mí no me gustaría ver que saliera de la zona neutral y que entrara en la zona expansionista tampoco”, expresó el subgobernador al explicar hasta dónde consideraría conveniente llevar la tasa de interés.

Heath añadió que un repunte de la inflación, la falta de avances en su trayectoria o un entorno externo complicado podrían llevar a considerar una postura más restrictiva, particularmente si las decisiones de la Reserva Federal de Estados Unidos generan presiones para México.

Al revisar los datos recientes, reconoció que la inflación anual ha mostrado una evolución favorable, luego de alcanzar 3.10% en la primera quincena de julio y aumentar de manera marginal hasta 3.26%. Se trata, dijo, de los mejores resultados observados prácticamente desde antes de la pandemia.

Pese a esa mejoría, el subgobernador aclaró que la cercanía de la inflación general con el objetivo de 3% todavía no representa una victoria. “Todavía no podemos decir que ya estamos prácticamente en el 3% porque lo que estamos viendo ahorita es más bien un fenómeno algo temporal”, afirmó.

La explicación, señaló, se encuentra principalmente en el comportamiento de la inflación no subyacente, que se ha ubicado cerca de cero. Sin embargo, recordó que este componente es volátil, responde poco a las acciones de política monetaria y puede volver a aumentar.

Por ello, Heath centró la atención en la inflación subyacente, la cual descendió hasta colocarse ligeramente por debajo de 4%, después de alcanzar un máximo hacia el cierre del primer trimestre. Dentro de este componente, observó diferencias importantes entre las mercancías y los servicios.

En el caso de las mercancías, el comportamiento del tipo de cambio ha favorecido la disminución de la inflación. Las no alimenticias registran una variación ligeramente superior a 2% y se encuentran por debajo de su promedio histórico, mientras que las alimenticias también han bajado, aunque todavía permanecen en niveles ligeramente elevados.

El mayor problema, apuntó, continúa en los servicios, cuya inflación se ha mantenido dentro de un rango de entre 4.2% y 4.5%, después de permanecer por encima de 5% durante alrededor de 24 a 26 meses consecutivos.

Al respecto, señaló que los servicios relacionados con alimentos explican buena parte de esa persistencia, mientras que educación y vivienda también presentan variaciones superiores a sus promedios históricos.

A esta resistencia se suman unas expectativas de inflación cercanas a 4% para el cierre de este año y sin una diferencia significativa para finales del próximo. Además, las previsiones de mediano y largo plazo tampoco apuntan a una convergencia al objetivo de 3%.

De acuerdo con Heath, estos resultados muestran que Banxico todavía no consigue la credibilidad necesaria para que las expectativas acompañen una trayectoria hacia la meta. Por ello, ubicó la persistencia de la inflación de servicios como el principal riesgo al alza.

La debilidad de la actividad económica tampoco ha logrado reducir las presiones sobre los precios como se esperaba. Sobre el crecimiento de 1.4% del producto interno bruto (PIB) en el segundo trimestre, consideró que fue una recuperación frente al descenso del periodo previo y no un cambio de tendencia.

Desde su perspectiva, el primer trimestre fue la excepción, mientras que el resultado posterior devolvió a la economía a una trayectoria positiva, pero lenta.

En ese sentido, afirmó que México mantiene un crecimiento “muy, muy bajo”, después de que el consumo cayó durante el primer trimestre y la inversión privada permaneció estancada y registró descensos, aunque comienza a mostrar señales de recuperación.

Esta falta de dinamismo ha mantenido la brecha del producto en terreno negativo desde principios del año pasado y, de acuerdo con el equipo técnico de Banxico, podría permanecer así durante algún tiempo.

No obstante, Heath reconoció que esa holgura no ha tenido el efecto esperado sobre la inflación.

Ante ese comportamiento, planteó dos posibilidades: que el PIB potencial esté sobreestimado y la brecha no sea tan negativa como se calcula, o que la estimación sea correcta, pero no esté produciendo el efecto previsto sobre los precios.

En cuanto a la política monetaria de Estados Unidos, Heath sostuvo que un aumento de tasas de la Reserva Federal no obligaría necesariamente a Banxico a responder de inmediato, siempre que el tipo de cambio permanezca estable.

Para explicar esa diferencia, recordó que durante 2015 y 2016 el diferencial entre las tasas de México y Estados Unidos se mantuvo en 275 puntos base, mientras el peso pasó de alrededor de 13 a más de 19 unidades por dólar.

Actualmente, añadió, el diferencial también se encuentra en niveles históricamente bajos, pero la moneda mexicana se ha apreciado hasta ubicarse alrededor de 17 pesos por dólar e incluso por debajo de ese nivel durante algunos días.

Precisamente por ese comportamiento de la moneda, Heath explicó que un eventual aumento de las tasas en Estados Unidos no obligaría a Banxico a responder de inmediato. Incluso si la Reserva Federal realizara uno o dos incrementos y el diferencial descendiera hasta 225 puntos base, cualquier reacción dependería de lo que ocurriera con el tipo de cambio.

Por ello, mientras el peso permanezca alrededor de los niveles actuales, Heath consideró posible mantener sin cambios la postura monetaria. No obstante, señaló que deberán vigilarse tanto la cotización de la moneda como las expectativas de inflación.

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