La Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (ANPEC) alertó que la inflación y el clima de incertidumbre económica siguen afectando el poder adquisitivo de las familias mexicanas, en un entorno al que también se suma la disminución en el flujo de remesas.

En su reporte correspondiente a febrero, la organización informó que el costo promedio de la canasta básica alimentaria, compuesta por 44 productos, se ubicó en 2,062.42 pesos, lo que implicó un aumento promedio de 15.97 pesos frente a enero, equivalente a una variación mensual de 0.78%.

De acuerdo con el sondeo realizado por la ANPEC, las entidades donde la canasta básica alcanzó los precios más elevados fueron Estado de México (2,385.00 pesos), Nayarit (2,333.00), Colima (2,316.00), Chihuahua (2,282.00) y Tabasco (2,277.00).

Entre los artículos que registraron los mayores incrementos se ubicaron la papa (15.32%), el limón (15.30%), la sal de mesa (5.91%), los chiles en escabeche (5.20%) y el jabón de lavandería (3.75%).

En este contexto, Cuauhtémoc Rivera, presidente de la Alianza, señaló que estos movimientos de precios son congruentes con las cifras dadas a conocer por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) para enero, cuando la inflación general se situó en 3.79%, por arriba del 3.69% reportado en diciembre de 2025, mientras que la inflación subyacente alcanzó 4.52% anual, su nivel más alto desde marzo de 2024.

Vivimos en un entorno inflacionario persistente y estos datos obligaron al Banco de México a sostener la tasa de interés en 7% y detener la tendencia a la baja”, explicó el representante del pequeño comercio.

Rivera agregó que este escenario se desarrolla en medio de una etapa prolongada de incertidumbre para la economía nacional.

Según la ANPEC, parte de esa inestabilidad proviene de la falta de claridad sobre el rumbo del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) como marco de las relaciones comerciales trilaterales.

En ese sentido, acentuó que Estados Unidos ha mantenido una postura cambiante respecto al acuerdo: en algunos momentos reconoce sus ventajas y, en otros, deja abierta la posibilidad de cancelarlo para dar paso a esquemas bilaterales con políticas comerciales independientes.

Según la organización, este entorno ha tenido efectos en la economía mexicana y, de hecho, el optimismo inicial vinculado al nearshoring —que generó expectativas sobre la llegada de nuevas inversiones de empresas interesadas en trasladar operaciones a México, principalmente desde Asia, en el contexto de la guerra comercial entre China y Estados Unidos— ha perdido dinamismo ante la declaración de una guerra arancelaria.

Mientras que son peras o manzanas, cada vez más armadoras de autos comienzan a trasladar líneas de producción a territorio estadounidense, poniendo en pausa o cancelando nuevas inversiones en nuestro país”, mencionó la Alianza, la cual agregó que la presión económica y política ejercida por el gobierno estadounidense sobre México no tiene precedentes recientes y ha derivado en la pérdida de miles de empleos.

A este panorama se suma el endurecimiento de la política migratoria en EU y el hostigamiento hacia connacionales en ese país, lo que ha incidido en una disminución en el envío de remesas.

Al respecto, la Asociación recordó que en 2025 las remesas enviadas a México sumaron aproximadamente 61,719 millones de dólares, lo que representó una contracción anual de 4.56%, la mayor en los últimos 16 años, con lo que se rompió una racha de 11 años consecutivos de crecimiento en estos flujos.

Asimismo, señaló que la depreciación del dólar frente al peso impacta el valor de las exportaciones y reduce el poder adquisitivo de las remesas; es decir, aunque se envíen recursos, su capacidad de compra es menor.

Al panorama económico, también se suma la narrativa del combate al narcotráfico, en cuyo contexto —indicó— se han presentado diversos episodios, que van desde la narcoguerra con drones hasta la tentativa de incursiones terrestres de fuerzas estadounidenses contra cárteles en territorio mexicano.

Esta atmósfera de fricción entre ambos países, agregó la organización, no contribuye al dinamismo económico en ninguno de los dos lados de la frontera, sino que lo obstaculiza.

A dicho escenario, se añaden rezagos estructurales que México ha arrastrado por décadas, entre ellos la corrupción, la confrontación violenta por el control del mercado interno del trasiego de estupefacientes y la generalización de la extorsión a lo largo de las cadenas de valor.

En conjunto, afirmó, estos factores delinean un contexto complejo que ayuda a explicar el estancamiento de la actividad económica, el deterioro en la confianza del consumidor y la persistente salida de capitales.

En síntesis, transitamos por una curva prolongada de incertidumbre y, al mismo tiempo, por un punto de inflexión en el desarrollo histórico de nuestra nación. O entendemos que el bienestar nacional pasa necesariamente por la consolidación de nuestra economía productiva o seguimos prolongando la ilusión de revivir tiempos que ya no volverán”, concluyó Rivera.

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