Banamex anticipó que el repunte inflacionario observado a inicios de 2026 está asociado al aumento de impuestos en México, así como a los aranceles aplicados por Estados Unidos a productos nacionales y a los gravámenes que el gobierno mexicano impuso a países con los que no mantiene un acuerdo comercial.
De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), la inflación general en México se ubicó en 3.92% anual en la primera quincena de febrero, con lo que sumó su tercera quincena consecutiva de aceleración y alcanzó su nivel más alto desde la segunda parte de noviembre.
El avance respondió principalmente al comportamiento del índice no subyacente, que reportó un incremento anual de 1.92%, frente al 1.34% registrado en la quincena previa. Se trata de su mayor nivel desde la segunda quincena de noviembre.
En contraste, el componente subyacente —que excluye los precios más volátiles y refleja la tendencia de mediano y largo plazo— se ubicó en 4.52% anual, nivel que permanece por encima del objetivo de 3% del Banco de México.
Tras la divulgación de las cifras, analistas de Estudios Económicos Banamex señalaron que, tal como lo habían previsto, en enero comenzó a observarse un repunte de la inflación anual, principalmente por los efectos directos de los incrementos en impuestos.
Asimismo, consideran que el impacto de los aranceles que entraron en vigor al inicio del año se reflejará de manera gradual en la inflación de mercancías a lo largo de 2026.
No obstante, los economistas estiman que estas presiones al alza serían parcialmente compensadas por la apreciación del tipo de cambio, la baja inflación de los precios al productor y un crecimiento económico modesto.
En una nota económica, subrayaron que, por el lado de los servicios, la inflación anual continúa muy por encima de su promedio histórico, en parte debido a presiones acumuladas de costos, incluidas las derivadas del incremento acumulado de los salarios. Dichas presiones permanecerán elevadas y, adicionalmente, se sumaría un choque temporal y de una sola vez que se registraría en el verano por el mundial de futbol.
Según los analistas, este entorno estaría acompañado por una creación de empleos que se mantendrá modesta.
En conjunto, para la inflación subyacente anticipan un repunte hacia 4.5% anual promedio en el primer trimestre de 2026, seguido de otro pico alrededor de junio y julio, con una disminución gradual en la segunda mitad del año.
Para la inflación no subyacente anual prevén incrementos graduales, en respuesta a aumentos en la inflación de agropecuarios conforme se acerque a su promedio histórico. Al mismo tiempo, proyectan que la inflación de energéticos se mantendría baja debido a la disminución estimada en las referencias internacionales.
De esta manera, pronostican que la inflación general anual cierre 2026 en 4.2% y la subyacente en 4.3%.
Entre los riesgos al alza, los economistas señalaron posibles efectos de segundo orden derivados de los incrementos en impuestos y aranceles que propicien una aceleración mayor a la prevista en la inflación subyacente; un mayor traspaso del aumento en el salario mínimo al resto de los salarios, que limite la desaceleración en la inflación de servicios; así como impactos de condiciones climatológicas y sanitarias adversas sobre los precios agropecuarios.
Como riesgos a la baja, consideraron efectos mayores a lo anticipado de la holgura económica y de la apreciación del tipo de cambio, además de la posibilidad de que la inflación de productos agrícolas retorne a su media de forma más lenta ante condiciones climatológicas favorables.
“Los datos de hoy sugieren que los riesgos para la inflación subyacente se encuentran ligeramente sesgados a la baja (posiblemente por los efectos de la apreciación del peso), mientras que los de la no subyacente al alza (por una posible reversión de la inflación de agrícolas más rápida que lo previsto”, concluyeron.
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