Las importaciones mexicanas de granos y oleaginosas iniciaron 2026 con un crecimiento de doble dígito, impulsadas principalmente por el maíz y el sorgo, en un entorno de tipo de cambio apreciado y menores precios internacionales.
En enero, el volumen total importado aumentó 13.6% anual, al pasar de 3.35 millones de toneladas métricas en enero de 2025 a 3.81 en el mismo mes de 2026, es decir, 460,000 toneladas adicionales en un solo mes.
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En términos de valor, las compras externas crecieron 8.6%, al subir de 1,092 millones de dólares (mdd) a 1,186 mdd, un incremento de 94 mdd, según cifras oficiales de la Agencia Nacional de Aduanas de México (ANAM), analizadas por el Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GCMA).
El repunte ocurre en un contexto en el que el tipo de cambio apreciado abarata las importaciones, mientras los productores nacionales enfrentan mayores costos de producción, precios de exportación castigados por el tipo de cambio, así como precios internacionales de referencia más bajos, lo que refuerza las presiones sobre los agricultores nacionales.
Maíz blanco, foco rojo en el mercado interno
La revisión de datos por tipo de producto refiere que el maíz blanco registró el mayor salto. El volumen importado creció 292.6% anual, al pasar de 28,000 toneladas a 110,000 toneladas, mientras que el valor se disparó 418%, lo que reflejó no solo mayor volumen sino también operaciones de mayor cuantía.
Este incremento coincide con la presencia de volúmenes importantes por comercializar en la región del Bajío, donde los productores enfrentan precios debilitados ante la competencia del grano importado.
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En Chihuahua, el maíz amarillo compite bajo condiciones similares: un tipo de cambio apreciado que favorece las importaciones y un mercado internacional con precios de referencia a la baja, mientras los costos de producción nacionales se mantienen elevados, destacó GCMA.
En contraste, las importaciones de frijol mostraron una disminución y su valor cayó 41.7%, reflejo de una debilidad en precios. El mercado interno presenta actualmente una amplia oferta nacional, lo que ha generado presión sobre las cotizaciones al productor.
A lo anterior se suma la falta de compras oportunas de Alimentación para el Bienestar a precios de garantía, particularmente para productores de hasta 20 hectáreas y con un máximo de 15 toneladas.
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La ausencia de estas adquisiciones ha provocado acumulación de inventarios y mayor incertidumbre comercial.
A decir de GCMA, el comportamiento observado en enero evidencia la necesidad urgente de establecer acuerdos de comercialización antes de la cosecha, garantizar un ingreso mínimo al productor, fortalecer el uso de coberturas de precios y dar certidumbre en los programas de compra institucional.
Sin mecanismos preventivos de mercado, el productor nacional seguirá con ciclos recurrentes de sobreoferta, presión en precios y pérdida de rentabilidad.
GC





