El Fondo Monetario Internacional (FMI) ajustó al alza su pronóstico de crecimiento para la economía mexicana para 2025, aunque mantuvo su estimado para el próximo año.
De acuerdo con su actualización de Perspectivas de la Economía Mundial: Crecimiento mundial dispar e incierto, el producto interno bruto (PIB) nacional avanzará 1.4% este año. En octubre calculó un crecimiento de 1.3 por ciento.
Para 2026, la organización financiera estima que la economía mexicana acelerará y tendrá un avance cercano a 2.0%, mismo cálculo que el de hace tres meses.
Cabe mencionar que el FMI considera que el crecimiento de 2024 fue de 1.8 por ciento.
En el documento, el Fondo apuntó que los pronósticos para 2025 se mantienen prácticamente sin cambios con respecto al de la edición de octubre porque la revisión al alza en Estados Unidos neutraliza las revisiones a la baja en otras de las principales economías.
Así, prevé que el crecimiento mundial sea de 3.3% tanto en 2025 como en 2026, por debajo de la media histórica (2000–19) de 3.7 por ciento. Hace tres meses consideraba que el PIB global crecería 3.2% este año.
Respecto a la inflación general mundial, estima que disminuya a 4.2% en 2025 y a 3.5% en 2026, y que converja hacia el nivel fijado como meta más pronto en las economías avanzadas que en las economías de mercados emergentes y en desarrollo.
Sobre la balanza de riesgos, dijo que a mediano plazo —con respecto al escenario base—, pesan más los factores adversos, mientras que las perspectivas a corto plazo están caracterizadas por riesgos con efectos divergentes.
Agregó que mientras en Estados Unidos se observan mejoras que podrían impulsar un crecimiento a corto plazo ya de por sí fuerte, en otros países es probable que las perspectivas se revisen a la baja en medio de una elevada incertidumbre política.
“Las perturbaciones generadas por las políticas que inciden en el proceso de desinflación en curso podrían interrumpir el giro hacia la flexibilización de la política monetaria, con implicaciones para la sostenibilidad fiscal y la estabilidad financiera”.
Apuntó que, para gestionar estos riesgos, “las políticas han de centrarse en equilibrar las disyuntivas entre la inflación y la actividad real, en recomponer los márgenes de maniobra y en mejorar las perspectivas del crecimiento a mediano plazo acelerando las reformas estructurales y fortaleciendo las normas y la cooperación multilaterales”.

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