El Fondo Monetario Internacional (FMI) anticipó que la economía mexicana crecerá 1.5% en 2026, una cifra que se mantiene sin cambios respecto a los cálculos difundidos en octubre pasado y que representa una mejora frente a la tasa de 0.6% estimada para 2025.
Sin embargo, la estimación para 2026 se ubica por debajo del crecimiento proyectado para América Latina, que alcanzará 2.2%, lo que refleja un entorno regional marcado por limitaciones estructurales y financieras, aseguró el FMI en la presentación de sus previsiones económicas para este año.
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Según el organismo multilateral, el desempeño de México en 2026 será más favorable que el repunte de 0.6% con el que se prevé que la economía nacional cerró en 2025, un año que fue objeto de revisiones a la baja, debido a los efectos de un gasto público limitado, la política monetaria restrictiva y los aranceles impuestos por el gobierno de Estados Unidos a las mercancías mexicanas.
Para 2027, el FMI estima que la economía mexicana crecerá provisionalmente 2.1%, lo que supone un crecimiento superior al promedio histórico de 2000 a 2019, que fue una tasa de 1.8%.
El FMI destaca en sus previsiones económicas que el desempeño de México permanece ligado al comportamiento de Estados Unidos, su principal socio comercial.
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En ese sentido, la resiliencia de la economía estadounidense y la reconfiguración de las cadenas de suministro en América del Norte son factores de apoyo para México. No obstante, el organismo advirtió que persisten desafíos internos que inhiben el crecimiento, entre ellos una inversión pública limitada.
En el plano regional, las previsiones económicas del FMI para 2026 indican que América Latina crecerá 2.2%, una décima menos que lo estimado previamente y por debajo del promedio de las economías emergentes.
Para 2027, la región tendrá un repunte de hasta 2.7%, mismo que no podrá ser mayor, debido a la baja productividad, la inversión insuficiente y condiciones financieras más restrictivas, a lo que se suma el impacto desigual de la desaceleración del comercio mundial y la menor capacidad de la región para aprovechar el auge de la inversión tecnológica.
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El FMI también destaca una evolución heterogénea entre los principales países latinoamericanos. Brasil, la mayor economía de la región, enfrentaría una desaceleración en 2026, con un crecimiento de 1.6%, afectado por condiciones financieras internas más estrictas, una moderación del consumo y una política fiscal menos expansiva.
En contraste, Argentina sobresale como una excepción, apoyada por un efecto “rebote”, tras un periodo de bajo crecimiento. Su desempeño se explicará principalmente por la corrección de desequilibrios fiscales y monetarios.
Más allá de América Latina, las previsiones económicas del FMI para 2026 apuntan a un crecimiento mundial de 3.3%, mientras que para 2027 se anticipa una tasa de 3.2%.
El organismo advirtió que la economía global continuará con un elevado grado de incertidumbre, en particular por la posibilidad de nuevas fricciones comerciales, cambios abruptos en los flujos de capital y la evolución de los precios de las materias primas.
En este contexto, el FMI destaca que, tanto a nivel mundial como regional, el crecimiento de los próximos años dependerá en gran medida de la capacidad de los países para impulsar reformas que fortalezcan la productividad, promuevan la inversión y preserven la estabilidad macroeconómica en un entorno internacional cada vez más complejo.
GC





