Los bancos enfrentan uno de los mayores retos tecnológicos de las últimas décadas: sustituir los sistemas con los que han operado durante años por plataformas digitales capaces de incorporar inteligencia artificial, análisis avanzado de datos, blockchain y otras herramientas que hoy marcan el rumbo de la industria financiera.
Esta transición resulta indispensable para responder a un mercado que exige servicios disponibles en cualquier momento, procesos más ágiles y productos que caminen al ritmo de las necesidades de los clientes, dijeron Jonathan Arenas García subdirector de Estrategia Digital, de Actinver, y Abdala Pineda director de Estrategia Digital & Growth, de Bancoppel.
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En la industria financiera este proceso recibe el nombre de “modernización del core bancario”. El concepto hace referencia a la renovación de la plataforma tecnológica que constituye el corazón de un banco, ya que procesa cuentas, depósitos, pagos, transferencias, créditos y el resto de las operaciones que sostienen el funcionamiento diario de la institución.
Los especialistas analizaron este desafío en la mesa “Innovar más allá del core: ampliando capacidades sin generar disrupción en los sistemas legacy”, realizada en el foro Revolution Banking Latam 2026.
En la sesión, los especialistas explicaron que, aunque el core bancario permanece fuera de la vista de los clientes, su desempeño determina la continuidad de la operación, la seguridad de las transacciones y la capacidad de una institución para desarrollar nuevos productos y servicios.
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Muchas entidades financieras todavía operan con plataformas creadas hace varias décadas, cuando la banca digital, las empresas de tecnología financiera (fintech) y la inteligencia artificial aún no existían.
Si bien esos sistemas demostraron estabilidad en su momento, ahora enfrentan dificultades para integrarse con tecnologías modernas y responder a las exigencias de un mercado que cambia con rapidez.
La migración hacia un nuevo core representa un proyecto de gran complejidad porque afecta prácticamente todas las áreas del banco. Además de sustituir la infraestructura tecnológica, las instituciones deben actualizar procesos, fortalecer la coordinación entre las áreas de negocio y tecnología, preservar la continuidad de la operación y proteger la información durante todo el proceso.
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El cambio también implica riesgos. Una transición mal planeada puede provocar interrupciones en los servicios, retrasos en la generación de nuevos productos, problemas de integración entre plataformas e incrementos en los costos.
Sin embargo, permanecer con esa infraestructura también tiene consecuencias. Los bancos enfrentan mayores obstáculos para incorporar inteligencia artificial, automatización, analítica avanzada y esquemas de banca abierta, además de que se pueden retrasar frente a competidores con plataformas más modernas.
Como propuesta para reducir esos riesgos, los especialistas recomendaron ejecutar la modernización de forma gradual, establecer un liderazgo sólido y mantener una coordinación permanente entre las áreas tecnológicas y las unidades de negocio.
GC





