En un contexto en el que seis de cada 10 empleados trabajan en la informalidad y en el que seis de cada 10 mujeres que trabajan o buscan empleo se desempeña en la economía informal, no es extraño que la fuerza laboral femenina obtenga ingresos menores que los hombres.

“Las mujeres tenemos más presencia en el merado laboral informal, sin vínculo formal reconocido por ninguna autoridad con el empleador, sin prestaciones sociales, sin guarderías, sin aguinaldo; ese tipo de empleos dan más flexibilidad para las madres trabajadoras, pero pagan la mitad en promedio de lo que gana una mujer en un empleo formal”, comenta Sofía Ramírez Aguilar, directora de la organización México ¿Cómo vamos?

Las mexicanas que “tienen la enorme ventaja” de ser contratadas en empresas formalmente establecidas ganan en promedio un sueldo de 9,400 pesos mensuales, pero aquellas que se desempeñan en ocupaciones informales –comercio ambulante, cocinas económicas, confección de ropa en casa, limpieza del hogar— perciben aproximadamente 4,400 pesos en promedio.

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Por sí misma, la situación de laborar en la economía informal ya constituye un factor desfavorable en contra de las mujeres trabajadoras, pero al compararse sus ingresos con los hombres, se advierte una desigualdad aún mayor en función del género, refiere en entrevista Sofía Ramírez.

En la economía formal, se observa que los hombres  ganan en promedio 10,400 pesos mensuales, mientras que las mujeres obtienen 9,400 pesos, lo que implica una diferencia de 10%. Sin embargo, en la economía informal, la brecha es aún mayor, que alcanza 24% en promedio.

“La brecha en el empleo informal es la más grande (…) El hecho de que la brecha en la economía formal sea más chiquita te habla de que la supervisión de la autoridad en la formalidad sí sirve”, explica Sofía Ramírez, al destacar la necesidad de “formalizar” la economía mexicana.

La experta –maestra en economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM)— comenta que, si bien la presente administración ha tratado de mejorar el poder adquisitivo de los trabajadores por la vía de los salarios mínimos generales y profesionales, esta disposición ha tenido efectos limitados en el mercado laboral, debido a que está dirigida a la economía formal.

“Elevar el salario mínimo era una deuda histórica, porque no debería haber nadie que gane tan poco, pero el salario mínimo solamente beneficia a quienes trabajan en el empleo formal y también es verdad que en el sector formal, los salarios son más altos que el mínimo”, comenta Sofía Ramírez.

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Los incrementos que se han autorizado a los salarios mínimos en la presente administración han permitido recuperar el poder adquisitivo de 1985 –después del desplome que se desató a partir de 1976—, que benefician a un conjunto de 6.5 millones de familias, lo cual no es desdeñable.

“Sin embargo, nadie ve a los trabajadores en el empleo informal. Más mujeres trabajan en empleos informales y más mujeres tienen ingresos muy por debajo del ingreso promedio”, advierte la experta.

Prejuicios y maternidad, otros obstáculos

En sus reflexiones sobre la condición laboral de las mujeres, con motivo del Día Internacional de la Mujer –que se conmemoró este 8 de marzo—, Sofía Ramírez considera asimismo que otra situación que juega en contra de la fuerza laboral femenina de México radica en los prejuicios culturales, sobre la capacidad de las mujeres para ocupar cargos de responsabilidad.

Existe una “falta de confianza de las personas a dar responsabilidad a las mujeres y por eso no suben a puestos directivos”, comenta la experta y agrega que, además, las féminas se ven en la disyuntiva de elegir entre su progreso profesional o laboral y la posibilidad de ser madres, lo cual finalmente afecta los ingresos que potencialmente pueden percibir.

“Las mujeres tenemos una edad reproductiva temprana en la vida profesional, pero hay gente o empleadores que no quieren atender las licencias de maternidad y paternidad, por lo que no hay incentivos para que los trabajadores no vean el riesgo de perder el empleo”, advierte Sofía Ramírez.

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De esta forma, hay mujeres que deciden salirse del mercado laboral para ser madres, pero cuando regresan al empleo ya no pueden recuperar el mismo sueldo que tenían antes.

“Yo salí del mercado laboral cuando me hice madre y regresar al mercado me castigó en dos terceras partes de mis ingresos. Si una mujer regresa ganando 30% de lo que ganaba antes, la decisión de muchas mujeres es retrasar la maternidad o definitivamente evitarla”, comenta la experta

Con base en los estudios de Méxicio ¿Cómo vamos?, Sofía Ramírez refiere que, en general, los hombres que trabajan y se convierten en padres enfrentan “un castigo” en sus salarios que puede implicar casi 10% de lo que ganaban antes.

Pero en el caso de las mujeres, “la sanción” es mayor ya que, al tener hijos, sus ingresos pierden aproximadamente 20%, es decir, que el mercado laboral “muerde” 19 de cada 100 pesos de salario que percibían las mujeres antes de dar a luz.

GC