El avance de la economía informal, que en los últimos cinco trimestres ha superado al de la economía formal, representa un riesgo creciente para la productividad y la competitividad de México. Así lo advirtió el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP), al señalar que esta tendencia podría restar atractivo al país para la inversión y limitar la creación de empleos de calidad.

De acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), durante el primer trimestre del año el valor agregado bruto (VAB) de la economía en su conjunto, con base en cifras originales, sumó 23,517,420 millones de pesos (mp) a precios del 2018, lo que significó un incremento anual de 0.9%, lo que refleja el debilitamiento que mantiene la economía desde hace ya varios trimestres.

Si bien el debilitamiento de la actividad económica es preocupante, la intranquilidad aumenta cuando se aprecia cual es el principal origen de ese marginal avance de la economía“, mencionó el organismo del Consejo Coordinador Empresarial (CCE).

Según los datos del Inegi, el VAB de la economía informal en el primer trimestre del año fue de 5,825,047 mp, monto que superó en 4.0% el resultado del mismo lapso del año pasado.

Lo anterior muestra que la economía informal representa el 24.8% de la economía total, porcentaje que, si bien es ligeramente menor al observado el trimestre previo, es uno de los cinco más altos históricamente.

En base a los datos, el CEESP destacó que la economía informal se ha convertido en el principal motor del crecimiento, desplazando a la formalidad. Incluso, recordó que en el último trimestre del año pasado y el primero de este, la contribución de la actividad formal al crecimiento total fue negativa.

El CEESP puntualizó que, aunque la informalidad suele asociarse con baja productividad y empleos sin condiciones adecuadas para sacar a las familias de la pobreza, en los últimos años ha mostrado un dinamismo mayor que el sector formal.

En este contexto, la productividad de la economía mexicana podría seguir deteriorándose, de tal forma que la competitividad del país en su totalidad también podría verse mermada, restando atractivo para la inversión”, advirtió el organismo.

El Centro reiteró que las empresas formales son el verdadero motor de crecimiento y empleo, por lo que lamentó que el entorno para impulsar nuevos negocios formales y consolidar los existentes sigue siendo limitado.

La permanencia de un débil estado de derecho, elevados niveles de violencia e inseguridad, además de los elevados costos de contratación y de la carga fiscal existente que deben enfrentar las empresas, reduce el atractivo de operar en la formalidad y favorece e incentiva la informalidad”, apuntó.

En ese sentido, subrayó la urgencia de políticas públicas que fortalezcan un ambiente de negocios atractivo, más aún en un escenario donde la incertidumbre por factores internos —como la eliminación de órganos autónomos encargados de la regulación— y externos, ha limitado el crecimiento de la inversión.

De acuerdo con el organismo, un mayor flujo de inversión y un entorno que incentive la formalidad permitirían elevar el ritmo de la actividad productiva y generar más empleos formales, beneficiando directamente a los hogares.

El empleo de calidad y por ende el bienestar de los hogares, dependen de un sector formal robusto. De ahí la necesidad de políticas que lo estimulen y se promueva como un objetivo de la inversión”, concluyó el CEESP.

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