La deuda pública de México ha crecido significativamente en los últimos dos años, ya que en 2019 representaba 44.5% como proporción del Producto Interno Bruto (PIB), cifra que se elevó a 52.3% en 2020.
“Esto es un incremento significativo y en gran parte es por razones contables”, reconoció José de Luna Martínez , titular de la Unidad de Crédito Público, de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP).
El funcionario recordó que el año pasado el PIB cayó 8.5%, debido al impacto que causó el Covid-19 en la economía nacional, de modo que al compararse el monto de la deuda pública con el PIB “automáticamente la proporción de la deuda va a aumentar”.
De Luna Martínez recordó asimismo que una parte de la deuda pública está denominada en moneda extranjera, lo que igualmente provocó un efecto contable, “ya que la deuda denominada en moneda extranjera, al haber sufrido una depreciación el peso, automáticamente crece el monto de la deuda”.
En una videoconferencia, como parte da la “Cátedra SHCP” —organizada por la Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)—, el funcionario reconoció que el gobierno federal no esperaba este aumento de la deuda pública.
“La instrucción del presidente (Andrés Manuel López Obrador) ha sido que durante su gestión la deuda se mantenga estable, o que incluso disminuya, pero sí tuvimos un incremento por razones contables. Esperamos que cuando el PIB refleje cifras de crecimiento, se estabilice la porción de la deuda respecto al PIB”, comentó José de Luna.
Otra forma de ver cómo ha crecido la deuda pública de México consiste en hacer una división del monto total entre la población, explicó el funcionario.
De este ejercicio resulta que cada ciudadano debe unos 95,900 pesos —al cierre de 2020—, cuando en 2019 la cifra por persona era de 89,600 pesos. Y todavía 20 años atrás, esto es en 2000, la cantidad era de 55,200 pesos por persona.
“La razón es que tenemos una deuda que se ha contratado desde hace mucho tiempo, debemos tomar dinero del presupuesto para pagar el servicio de la deuda y los intereses para ir amortizándola”, aseguró José de Luna.
En su presentación, ante alumnos y profesores, el funcionario destacó no obstante que con el tiempo la composición de la deuda de México ha cambiado favorablemente.
Al cierre de 2020, una proporción de 77% se encontraba denominada en pesos, mientras que el 23% restante se compuso de moneda extranjera.
Lo anterior contrasta notablemente con el año 1990, cuando 48% de la deuda estaba en moneda nacional y 52% en moneda extranjera.
El año 1995 fue especialmente delicado, ya que 21% de la deuda total estaba denominada en pesos y el 79% restante en moneda extranjera.
José de Luna comentó que parte de la crisis económica que se desató en esa época se explicó por el peso significativo de la deuda en moneda extranjera, que se concentró en instrumentos de corto plazo.
“Cuando un país tiene su deuda en moneda extranjera sin régimen cambiario flexible y enfrenta un choque y además tiene la deuda en instrumentos de corto plazo, todo esto agrava la capacidad de respuesta de las autoridades financieras para enfrentar una crisis”, dijo el funcionario.
El experto aseguró que México aprendió de las lecciones que dejó esta crisis, por lo que ahora la mirada de las autoridades fiscales consiste en hacer lo necesario para que la mayor parte de la deuda púbica se componga de moneda nacional y en menor medida de moneda extranjera.
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Actualmente, los países desarrollados reportan un promedio de 98% de deuda integrada por moneda nacional y un mínimo de participación de moneda extranjera, un ejemplo que México considera como una aspiración para su política económica.
GC





