A pesar de que cada vez más mujeres ingresan al mercado laboral, su participación en la economía mexicana no necesariamente compensa su esfuerzo con empleos formales y prestaciones básicas, ya que actualmente la pobreza laboral es más aguda entre mujeres que entre hombres.

Este martes, cuando se conmemora el Día Internacional de la Mujer, la organización México ¿Cómo vamos? presentó un informe en el que documenta las brechas de género que existen en el mercado laboral mexicano y que demuestran las desventajas que enfrentan las mujeres.

La información más reciente de asalariados cotizantes al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) refiere que, entre los meses de enero y febrero de 2022, se crearon 321,138 nuevos puestos de trabajo en la economía formal, de lo que se desprende que la mayoría –unos 213,560— fueron empleos para hombres, mientras que los restantes 107,578 fueron empleos para mujeres.

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Hace 10 años, por cada 100 hombres registrados en un puesto de trabajo en el IMSS, había 51.3 mujeres, brecha que evolucionó a 63.6 mujeres al corte de febrero de 2022.

Se advierte que en la última década se redujo la brecha entre hombres y mujeres asalariados cotizantes en el IMSS, al ingresar más mujeres al mercado laboral. Sin embargo, todavía existe una diferencia entre ambos géneros, derivado del bajo crecimiento económico, pero también por las complicaciones que enfrentan las mujeres para ingresar a empleos formales de tiempo completo.

En materia de informalidad laboral, también se advierte un sesgo que afecta más a las mujeres que a los hombres. Actualmente, 51.5% de la fuerza laboral del país se desempeña en condiciones de informalidad, ya sea porque trabaja en pequeños negocios no registrados oficialmente o porque trabaja en establecimientos formales pero sin contrato de trabajo ni prestaciones.

Sin embargo, la fuerza de trabajo femenina reporta una tasa de informalidad laboral mayor a la nacional, que es de 54.8%, mientras que los hombres reportan 49.1%.

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A nivel regional, destaca que en entidades federativas como Oaxaca, Guerrero, Chiapas, Michoacán, Puebla, Veracruz, Tabasco, Yucatán y Estado de México, la informalidad laboral de las mujeres es mayor al promedio general de 54.8%.

“Muchas mujeres se emplean en trabajos informales, en los que encuentran mayor flexibilidad para cumplir con sus roles familiares y de crianza, pero que a su vez las colocan en posiciones de mayor riesgo y vulnerabilidad frente a un despido injustificado, sin acceso a la seguridad social en caso de enfermar, sin acceso a un sistema de guarderías y con menores ingresos en promedio”, explicó México ¿Cómo vamos? en su informe disponible por internet.

Otro rasgo que deja ver las precarias condiciones laborales de las mujeres es el indicador de la pobreza laboral, concepto entendido como la incapacidad para adquirir con los ingresos por salarios los bienes de la canasta básica para la alimentación de una familia.

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Al presente, 40.3% de la población se encuentra en pobreza laboral, por lo que tiene que recurrir a remesas familiares, préstamos o programas sociales para sobrellevar sus gastos.

En el caso de las mujeres, la pobreza laboral es de 42.2%, mientras que los hombres reportan una tasa de 38.3%, lo que pone en evidencia una brecha de género.

“Las brechas salariales por sexo se deben, en gran medida, al mayor número de horas que la mujeres dedican a labores no remuneradas dentro del hogar, ya sea realizando tareas domésticas o cuidando de menores, personas enfermas y ancianas”, explica México ¿Cómo vamos?

Las mujeres que trabajan tienen que dividir su tiempo entre el hogar y sus actividades productivas, por lo que no pueden incorporarse a empleos de tiempo completo en empresas formales, que pagan mejores salarios, además de que tampoco pueden concursar por puestos de mayor jerarquía, que también pagan mejores salarios.

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La capacitación también constituye una limitante para las mujeres, ya que al tener mayores responsabilidades en el hogar, disponen de menos tiempo para aprender un oficio o profesión.

Esta situación orilla a las mujeres trabajadores a desempeñarse en actividades de bajo salario o bien en ocupaciones informales, lo que por sí mismo constituye un riesgo para la calidad de vida, ya que “en los hogares con más mujeres es más frecuente que no haya suficiente comida para todos los integrantes”, advirtió la organización.

GC