La Organización de las Naciones Unidas (ONU) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) coincidieron en la necesidad de financiación para evitar una crisis de deuda que amenaza con acrecentar las desigualdades en las naciones más vulnerables, alejarlas de los objetivos de desarrollo sostenible y retrasarlas en la lucha contra el cambio climático.
De acuerdo con la ONU, actualmente, seis países se han declarado en “default”, un tercio de las economías emergentes está en alto riesgo de crisis fiscal y la situación es aún peor para las naciones menos desarrolladas, cuya recuperación puede ser tan lenta que la Agenda 2030 y los Acuerdos de París queden “completamente fuera de alcance”.
Tras una reunión virtual de jefes de Estado y de Gobierno sobre la arquitectura internacional de deuda y liquidez, en el marco de la crisis del Covid-19, con la vista puesta en impulsar una rápida recuperación económica de todos los países, el secretario general de la ONU, António Guterres, recordó que los países ricos se han beneficiado de paquetes de emergencia por un valor conjunto de 16 billones de dólares, pero muchas naciones en desarrollo tienen límites financieros y esa división se ha hecho evidente con el desigual acceso a las vacunas.
“Si la mitad del mundo no puede acceder a las vacunas, hay peligro de sucesivas olas de covid-19 los próximos años. Esto podría socavar la efectividad de las vacunas existentes, con un continuado impacto devastador en vidas y medios de subsistencia, y en la economía global”, dijo.
En rueda de prensa, Guterres subrayó que cada vez hay más respaldo internacional a su petición para que el FMI haga una nueva emisión de derechos especiales de giro (DEG), y además alentó a una reasignación, pidiendo a los países que cuenten con unas reservas sólidas que cedan sus derechos no utilizados a aquellos que sí lo necesiten.
Entre otros, España se hizo eco del reclamo y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, propuso “crear un nuevo fondo fiduciario del FMI para un desarrollo justo y sostenible” del que se beneficien especialmente los países en desarrollo con niveles de desigualdad y pobreza más altos, así como los más afectados por la pandemia del coronavirus.
Kristalina Georgieva, la directora gerente del FMI, reiteró que está en estudio una emisión de 650,000 millones de dólares en DEG para abordar las necesidades globales a largo plazo de reservas de activos y dijo que se hará una “propuesta formal” en junio, incluyendo medidas para potenciar la transparencia y la rendición de cuentas.
“Necesitamos un enfoque amplio que dé apoyo a los países y personas vulnerables, y debe incluir medidas domésticas para mejorar la recaudación de ingresos, la eficiencia en el gasto, el entorno empresarial y también un apoyo internacional importante en la concesión de préstamos.
“El FMI ha escalado su respaldo a sus miembros para aliviar la recesión, y lo volveremos a hacer para asegurar la recuperación”, afirmó Georgieva, quien advirtió que esa recuperación puede ser “peligrosamente divergente” en detrimento de los países emergentes y en desarrollo si no se toman medidas.
Guterres encabezó también una llamada general a que la Iniciativa de Suspensión de Servicios de Deuda del G20 se extienda hasta 2022 y que esté “disponible a los países de renta media altamente endeudados y vulnerables que lo pidan”, además de crear nuevos fondo e instrumentos para dar liquidez y aliviar la deuda.
En ese sentido, señaló que el Marco Común para el Tratamiento de la Deuda afronta dificultades porque los países son reticentes a utilizarlo, preocupados por un impacto negativo en su calificación crediticia, y llamó a ampliar la eligibilidad para obtener ayuda.
Por su parte, David Malpass, el máximo ejecutivo del Banco Mundial (BM), señaló en el panel que este ente ha sido “el mayor proveedor de transferencias netas a países de renta baja” y ha proveído a los países elegibles unos 16,000 millones de dólares entre abril y diciembre pasados.
Malpass sostuvo que el BM y el FMI trabajan en la “implementación efectiva” del Marco Común para que países como Chad, Zambia o Etiopía “pongan su deuda en un camino sostenible a través del reperfilamiento y la restructuración que sean necesarios”.
Para Guterres, es momento de atajar las “debilidades de la arquitectura internacional de deuda” y se necesita un “cambio de mentalidad” de los países deudores y acreedores, inversores, participantes del mercado, agencias de rating y organizaciones internacionales.
Recordó que otras tres olas de acumulación de deuda que se han experimentado en el último medio siglo han “terminado en una crisis de deuda”, y citó los intercambios de deuda, las recompras y las cancelaciones como herramientas “importantes” para evitar que se repita la historia.
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(Con información de EFE)
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