El Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP) alertó que México arrancó el año con un bajo dinamismo económico y presiones inflacionarias en aumento, en medio de un entorno de alta incertidumbre que compromete la recuperación.

En su análisis semanal, el organismo dependiente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE) señaló que las perspectivas de crecimiento se mantienen poco favorables, especialmente ante el debilitamiento de la inversión. Este escenario, explicó, obedece a los elevados niveles de incertidumbre, a la precarización del mercado laboral que impulsa la informalidad y a un consumo que aún no logra consolidar su avance.

En general, los motores del crecimiento no mejoran su desempeño frente a la falta de estímulos reales”, indicó.

La advertencia se dio tras la publicación, la semana pasada, de cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) sobre el Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE), las cuales anticiparon que la economía mexicana se contrajo 0.9% mensual en enero, una caída incluso mayor a la estimación oportuna del propio instituto, que proyectaba un descenso de 0.2%.

Este retroceso ocurre luego de que, en el último trimestre de 2025, la actividad económica mostrara una recuperación limitada, lo que llevó a ajustes marginales al alza en las expectativas de crecimiento. Sin embargo, dicho repunte respondió principalmente a un comportamiento atípico en octubre, cuando la economía se vio impulsada por un incremento mensual de 4.2% en la industria de la construcción, para posteriormente retomar una trayectoria descendente.

A partir de ese momento, puntualizó el CEESP, la economía ha mostrado un desempeño débil, con dos meses de variaciones negativas entre noviembre y enero.

El hecho es que ya se anticipaba un comportamiento a la baja, lo que significa que la expectativa de un mayor debilitamiento se fortalece. Situación preocupante frente a los posibles efectos provenientes de la revisión del T-MEC y del conflicto bélico en Irán”, expuso.

El organismo añadió que “la intranquilidad aumenta” al considerar que la estimación oportuna del Inegi ubica el crecimiento de la actividad económica en febrero en apenas 0.1%. Bajo este contexto, incluso si en marzo se registrara un avance de 0.5%, el resultado trimestral podría ser negativo, con un crecimiento anual por debajo de 0.5%.

En materia de precios, el panorama también muestra presiones relevantes. Durante la primera quincena de marzo, el índice de precios al consumidor registró un incremento quincenal de 0.62%, el más alto desde la primera quincena de julio de 2024 y, además, el mayor para un mismo periodo desde 1998. Con ello, la inflación anual se ubicó en 4.63%, su nivel más alto desde la segunda quincena de octubre de 2024.

Este comportamiento estuvo impulsado principalmente por el aumento de 1.96% en el subíndice no subyacente, destacando el alza de 7.34% en frutas y verduras. En particular, sobresalió el incremento quincenal de 32.2% en el precio del jitomate, producto que explicó más de dos terceras partes del avance del índice general. En términos anuales, este alimento registró un aumento de 152%, tras haber subido 90.2% en la quincena previa.

El CEESP explicó que el encarecimiento del jitomate responde a diversos factores, entre ellos condiciones climáticas adversas en Sinaloa, mayor demanda estacional, altos niveles de exportación hacia Estados Unidos y costos adicionales derivados de problemas de inseguridad.

Aunque estos factores se irán moderando en el tiempo, preocupa que algunos de ellos se mantengan más de lo esperado. Y la preocupación aumenta cuando se considera un posible impacto en los precios de las gasolinas y otros productos como consecuencia de los elevados precios del petróleo, pues podría elevar aún más la inflación en deterioro del bienestar de los hogares.

El hecho es que el año inicia con un escenario de bajo crecimiento económico y alta inflación, poniendo en riesgo la recuperación económica”, concluyó el CEESP.

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