El Banco Mundial ajustó al alza su pronóstico de crecimiento para la economía de México, a un avance de 0.5% anual en 2025, luego de que en junio pasado estimó un avance de sólo 0.2 por ciento.

Para 2026, vaticina una mejoría para el producto interno bruto (PIB) nacional, con un dinamismo de 1.4% anual, desde el 1.1% calculado hace tres meses, pero por debajo del 1.6% previsto a inicios de año.

Igualmente, para 2027 mejoró su pronóstico, pasándolo de 1.8 a 1.9 % anual.

En su informe económico para Latinoamérica y el Caribe: “Emprendimiento transformador para el empleo y el crecimiento”, el organismo internacional destacó que la incertidumbre actual en torno a los aranceles ha pesado sobre las perspectivas económicas de México.

Se prevé que el crecimiento de México se desacelerará en 2025, a medida que el ímpetu de los grandes proyectos de infraestructura pública se disipa y las mayores restricciones comerciales, en particular los nuevos aranceles estadounidenses, comienzan a pesar sobre la demanda externa”, expuso.

La institución abundó que la disminución de la inversión pública en el país, combinada con los nuevos gravámenes, también representan “un lastre significativo” para el sector externo latinoamericano.

En positivo, el Banco Mundial destacó que la proximidad geográfica de México, así como sus acuerdos comerciales (en particular, el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, T-MEC) y sus costos laborales competitivos, lo posicionaron para capitalizar las oportunidades de nearshoring.

En este contexto, mencionó que la próxima revisión del T-MEC en 2026 surge como un momento crucial para México, así como para las relaciones comerciales de toda América del Norte, “con las primeras señales que sugieren tanto oportunidades estratégicas como desafíos de negociación que podrían moldear la confianza de los inversores y la dinámica de integración regional”.

Cabe mencionar que para Latinoamérica y el Caribe, el organismo prevé un crecimiento económico de 2.3% anual en 2025 y 2.5% en 2026, “el ritmo más lento entre las regiones del mundo”.

Lo anterior, se debe a que está “condicionada por una inflación persistente, el aumento de la deuda, la debilidad de la inversión y la incertidumbre mundial”.

El entorno externo sigue siendo complejo, con una caída de la demanda mundial y de los precios de las materias primas que, se proyecta, disminuirán alrededor de 10% en 2025 y otro 5% en 2026, lo que perjudicará a sectores clave.

La incertidumbre en torno a la política comercial también amenaza el acceso a los mercados y la deslocalización de firmas (nearshoring)”, advirtió.

Finalmente, respecto al ámbito interno, resaltó que la inflación persiste y la deuda pública se mantiene elevada, con una relación deuda/PIB que ascendió a 63.8% en 2024, frente al 59.9% en 2019. A esto se suma que la flexibilización monetaria se ha desacelerado en las economías avanzadas, lo que “mantiene elevados los costos del servicio de la deuda y encarece el crédito, frenando aún más la inversión, la creación de empleo y el aumento de la productividad”.

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