El próximo año pinta para ser un año complicado para la economía de México, en un entorno global adverso y presiones internas de corte económico y político, señaló el Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF).
“El 2023 será un año de múltiples desafíos para nuestro país, en un entorno económico desafiante a nivel global y en un ambiente político interno afectado por las descalificaciones y la falta de propuestas que nos permitan como sociedad avanzar unidos hacia un futuro mejor”, señaló en un comunicado.
Los pronósticos de la mayoría de los analistas para los próximos años muestran tasas de crecimiento menores a 2 por ciento, reflejando que nuestro país perdió también capacidad estructural de crecimiento de largo plazo, respecto al promedio de los 30 años previos a 2019.
El menor crecimiento económico ha implicado un deterioro del ingreso promedio de los mexicanos, el cual es 4.3 por ciento menor al de 2017, destacó.
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De acuerdo con el IMEF, los siguientes temas de incidencia sobre el crecimiento económico que se verán en 2023 son:
- El entorno económico global. Las perspectivas económicas a nivel global se han venido deteriorando de forma importante por varios factores, tales como la mayor inflación, la elevación de las tasas de interés y el ambiente de guerra en Europa, con lo cual el riesgo de una recesión en el 2023 ha aumentado. La economía mundial ya está experimentando una desaceleración generalizada y la volatilidad de los mercados financieros internacionales refleja la dificultad que tienen los inversionistas para interpretar un futuro incierto. El FMI estima que su crecimiento se desacelere a 1 por ciento en 2023, desde 1.6 por ciento esperado para este año, lo que tendría un impacto negativo importante sobre nuestras exportaciones. La evolución de la economía de nuestro principal socio comercial y la demanda por productos mexicanos tendrá un importante impacto sobre el desempeño económico de México, así como las discusiones que puedan darse en el marco del T-MEC. Es imperativo respetar el tratado, sobre todo en materia energética y de inversiones.
- La evolución de la inversión. Una de las principales razones que explican el menor crecimiento es el deterioro de la inversión. No puede haber desarrollo económico sin crecimiento económico y no habrá crecimiento económico sostenido y suficiente sin la inversión privada. Al cierre del 2022, el nivel de inversión será similar al registrado en el año de 2011. Ello refleja el entorno de incertidumbre que ha privado alrededor de las decisiones de política pública
- El ambiente político y el respeto al estado de derecho. La democracia es un elemento central de la estabilidad económica y financiera. Cualquier iniciativa que debilite a nuestro sistema electoral tendrá ineludiblemente un impacto negativo severo sobre el futuro económico de México y sobre el bienestar de los mexicanos. La aprobación en ambas Cámaras del Plan B propuesto por el Ejecutivo representa un grave riesgo para la operatividad, la transparencia y la imparcialidad de nuestro sistema electoral.
- La estabilidad de las finanzas públicas. Un elemento central de la estabilidad macroeconómica radica es la solidez de las finanzas públicas. Un deterioro de estas tendría un impacto severo sobre las perspectivas económicas de México. Preocua que pueda darse una insuficiencia en los ingresos ante la sobrestimación del crecimiento económico, combinado con los compromisos de gasto por los recursos asignados a proyectos de infraestructura de dudosa rentabilidad económica y social, la asignación de recursos al sector de energía, tanto por el rescate de Pemex como por el impulso a iniciativas estatizadoras tales como la propuesta de reforma constitucional en materia eléctrica, todo ello en un escenario de menor crecimiento económico.
- La evolución de la inflación y la política monetaria. La inflación ha repuntado a sus mayores niveles en dos décadas, lo que ha obligado a las autoridades monetarias a adoptar una política monetaria congruente con anclar las expectativas de inflación. Para el año que termina, se anticipa una inflación de 8.4 por ciento y el balance de riesgos para la misma sigue con un sesgo al alza. Existen algunas señales que sugieren la disminución de ciertas presiones inflacionarias, aunque la inflación subyacente continúa generando preocupación.
FP





