El sistema financiero mexicano mantiene su avance en materia de inclusión financiera; sin embargo, enfrenta el reto de operar con mayores niveles de trazabilidad en una economía donde el efectivo continúa como el medio de pago predominante, señaló Círculo de Crédito.
A través de un comunicado, la Sociedad de Información Crediticia explicó que, conforme más personas se incorporan al sistema financiero formal, también aumenta la necesidad de reforzar los procesos de prevención, monitoreo y análisis de operaciones.
En este contexto, subrayó que la prevención de lavado de dinero está dejando atrás un enfoque centrado exclusivamente en el cumplimiento normativo, para dar paso a un modelo basado en inteligencia, monitoreo continuo y colaboración entre las instituciones del sistema financiero.
“La inclusión financiera y la trazabilidad deben avanzar al mismo tiempo. Cuantas más personas utilizan servicios financieros formales, más importante se vuelve fortalecer la prevención del fraude.
“Hoy la prevención de lavado de dinero ya no es sólo un tema de cumplimiento, sino un elemento que fortalece la confianza y la estabilidad del sistema financiero mexicano”, acentuó Juan Manuel Ruiz Palmieri, CEO de Círculo de Crédito.
En línea con lo anterior, la Sociedad indicó que durante la 89ª Convención Bancaria las entidades financieras coincidieron en la necesidad de migrar de esquemas de revisión aislada hacia modelos sustentados en monitoreo constante, identificación de patrones compartidos e intercambio de información, con el fin de anticipar riesgos con mayor oportunidad.
De esta forma, el enfoque ya no se limita a la revisión de operaciones pasadas, sino que se orienta a la detección de comportamientos atípicos en tiempo real, lo que permite prevenir riesgos antes de que se materialicen.
Asimismo, recordó que México forma parte del Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI) desde el año 2000, lo que ha impulsado la adopción de mejores prácticas en prevención de lavado de dinero, conocimiento del cliente y monitoreo de operaciones.
No obstante, el desafío actual trasciende el ámbito regulatorio y se ubica también en el terreno tecnológico y operativo, donde resulta clave integrar información, analizar patrones y generar inteligencia que permita detectar riesgos con mayor precisión.
“Hoy las instituciones financieras ya realizan procesos de conocimiento del cliente y cumplen con la regulación. El siguiente paso es fortalecer esos procesos mediante un monitoreo continuo que brinde un mejor conocimiento de clientes y proveedores, y modelos de inteligencia colaborativa para detectar señales de riesgo que de forma aislada podrían pasar desapercibidas”, señaló Ruiz Palmieri.
En este escenario, Círculo de Crédito acentuó que el intercambio de información entre instituciones se consolida como un elemento fundamental para fortalecer la prevención de riesgos, ya que cada entidad observa solo una parte del sistema; al integrar y analizar los datos de forma conjunta, se amplía la capacidad de prevención y respuesta.
Bajo esta lógica, añadió, la inclusión financiera y la prevención de lavado pueden avanzar de forma paralela, pues a mayor uso de servicios financieros formales, mayor trazabilidad y mejores controles.
Lo anterior cobra relevancia en un país donde tres de cada cuatro adultos cuentan con al menos un producto financiero, pero el efectivo sigue predominando, por lo que el reto del sistema financiero es generar confianza mediante tecnología, análisis de datos e inteligencia financiera que acompañe su crecimiento.
“La prevención efectiva parte de la inteligencia colaborativa y la responsabilidad compartida. Cuando las instituciones financieras y las autoridades logran articular mejor sus capacidades, el sistema financiero no sólo se vuelve más seguro, también puede crecer con mayor solidez e impulsar la inclusión financiera de manera sostenible”, concluyó Ruiz Palmieri.
De acuerdo con datos de Deloitte, para 2025, 85.2% de las compras menores a 500 pesos y 73.5% de las compras superiores a 501 pesos se realizan en efectivo, lo que posiciona a la trazabilidad de las operaciones como uno de los principales desafíos en la prevención del lavado de dinero en México.
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