México presenta resultados contrastantes en materia de autosuficiencia alimentaria. Mientras el país mantiene una posición sólida y superavitaria en productos hortofrutícolas, todavía muestra rezagos estructurales en granos básicos como maíz y trigo, lo que se traduce en una elevada dependencia de importaciones para cubrir el consumo interno.
Lo anterior, debido a que el país muestra un desempeño mixto en su capacidad para cubrir la demanda interna con producción nacional.
Pese a que la autosuficiencia alimentaria ha sido una promesa recurrente tanto del gobierno anterior como del actual, los resultados indican que el objetivo no se ha concretado, particularmente en los cultivos base de la dieta nacional, según un reporte elaborado por Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GMCA), con base en el documento “Indicador de Autosuficiencia Alimentaria por Sector y Producto 2018 – Proyección 2026”, elaborado por el Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP) y la Agencia Nacional de Aduanas de México (ANAM).
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El estudio señala que el sector de granos y oleaginosas registra un deterioro relevante en el periodo analizado, al pasar de 53% de autosuficiencia en 2018 a 44% en la proyección para 2026. Dentro de este grupo destacan retrocesos importantes en los principales cultivos estratégicos.
El maíz reduce su nivel de autosuficiencia en 10 puntos porcentuales, mientras que el trigo muestra el deterioro más pronunciado con una caída de 14 puntos porcentuales.
En tanto, el arroz se mantiene en niveles críticos cercanos a 20%, lo que confirma la persistente dependencia externa en alimentos base.
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En contraste, el sector agroindustrial mantiene un superávit estructural impulsado por productos con fuerte orientación exportadora.
El agave prácticamente triplica el consumo interno, mientras que cultivos como el café pergamino y la caña de azúcar conservan una amplia cobertura del mercado nacional, lo que consolida su papel dentro del comercio agroalimentario del país.
En el ámbito pecuario, el indicador agregado se mantiene relativamente estable en torno a 81% de autosuficiencia.
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No obstante, el análisis identifica presiones específicas en algunos segmentos. La carne de res y el huevo conservan un equilibrio entre producción y consumo, mientras que la carne de cerdo muestra un deterioro al ubicarse en 50%, lo que incrementa la dependencia de importaciones.
En tanto, leche y pollo permanecen relativamente estables.
El sector hortofrutícola, en cambio, continúa como uno de los pilares de la competitividad agroalimentaria mexicana.
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Productos como tomate, aguacate y limón superan ampliamente 100% de autosuficiencia, lo que refleja su fuerte vocación exportadora, mientras que la naranja se mantiene en niveles cercanos al equilibrio entre producción y consumo.
Según GCMA, el patrón productivo del país muestra una paradoja estructural: México es superavitario en productos de alto valor comercial, pero deficitario en granos básicos estratégicos.
El desempeño de maíz y trigo resulta determinante para el nivel de autosuficiencia alimentaria nacional, por lo que, sin inversión en productividad, infraestructura hídrica y ordenamiento productivo, la brecha en granos podría ampliarse hacia 2026.
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El organismo advierte que el debate sobre autosuficiencia alimentaria debe distinguir entre dos dimensiones: la seguridad alimentaria estratégica, centrada en granos básicos, y la competitividad agroexportadora, donde destacan los sectores hortofrutícola y agroindustrial que hoy sostienen el dinamismo del comercio agroalimentario mexicano.
GC





