La intención de mantener estables los precios de los combustibles en el mercado interno, con un mayor estímulo fiscal a las gasolinas, puede generar más perjuicios a las finanzas públicas que beneficios para la población, debido a que es incierto anticipar cuánto tiempo durará la volatilidad de los precios internacionales del petróleo, por el conflicto bélico entre Rusia y Ucrania.
Pero también habrá que tomar en cuenta que, como la mayoría de las gasolinas que se consumen en el país son de importación, el país debe comprarlas en dólares americanos, en un momento en el que se espera que la paridad peso-dólar enfrente ajustes ante la inminente alza de tasas de interés en Estados Unidos y el retiro de los estímulos monetarios en esa economía, según un reporte publicado este sábado por el diario El Universal.
El gobierno federal se comprometió este viernes a mantener el estímulo fiscal a los combustibles –gasolina magna, gasolina premium y diésel— y que consiste en dejar de cobrar total o parcialmente el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS), con la intención de que los precios a los consumidores no aumenten abruptamente y así proteger a la economía familiar.
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Sin embargo, esta disposición afectará directamente a las finanzas públicas, ya que solamente en el mes de enero, el estímulo fiscal a los combustibles tuvo un costo de 11,000 a 12,000 millones de dólares, según datos del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP), citados por el reporte.
Asimismo, en enero pasado, la recaudación de impuestos alcanzó un monto de 380,000 millones de pesos (mdp), cuando la cantidad esperada por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) era de 396,000 mdp. Estos datos muestran el hueco que dejó la exención parcial del cobro del IEPS sobre las gasolinas, ya que se captaron ingresos por 11,000 mdp por este impuesto, la cifra más baja para un mes de enero desde 2014.
Esta disminución en la cantidad de impuestos cobrados genera un vacío que no queda claro cómo podrá cubrirse, refirió el reporte que citó a consultores privados de Franklin Templeton y otras empresas.
Lo que sucede cuando se apoya fiscalmente a las gasolinas es que se alienta el consumo de los combustibles, situación que no necesariamente beneficia a las familias de más escasos recursos, sino a las personas que tienen autos particulares y a las empresas con flotas de vehículos, de modo que se diluye la intención del gobierno de evitar una caída en el poder adquisitivo de los grupos más vulnerables de la población.
Si el propósito es ofrecer un alivio económico para las familias de escasos recursos, se les pueden otorgar estímulos focalizados, en lugar de aplicar ayudas generalizadas, para que las disposiciones de política económica vayan dirigidas específicamente a quienes más los necesitan.
En el transcurso de la semana, los precios internacionales del petróleo superaron la barrera de los 100 dólares el barril, algo no visto desde 2014, y se han mantenido ascendentes ante el nerviosismo que provoca en los mercados internacionales la invasión de Rusia a Ucrania.
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Incluso, el barril de la mezcla mexicana de petróleo crudo de exportación cerró el viernes en una cotización de 110 dólares.
Asimismo, los analistas consultados por el reporte advirtieron que el paquete económico 2022 establece una previsión de la paridad peso-dólar de 20.40 pesos por unidad.
Sin embargo, tanto la guerra en Europa del este como los próximos movimientos de política monetaria que se esperan en Estados Unidos implicarán depreciaciones del peso, lo que sugiere que el gobierno federal deberá hacer un esfuerzo mayor para evitar que un precio más alto de las gasolinas importadas no se refleje en los precios para el consumidor mexicano.
“Deberíamos cuestionarnos si es deseable seguir subsidiando las gasolinas frente a un entorno externo adverso y restricciones presupuestarias internas”, opinó Alejandra Macías, directora del CIEP. (Con información del diario El Universal)





