El fenómeno meteorológico del “Niño” sin duda “golpeará” en 2023 a la economía de los países de América Latina, México incluido, los cuales ya están agotados por los gastos que debieron realizar en la pandemia del Covid-19, el endeudamiento que han adquirido, la inflación y las tasas de interés, aunque la gravedad de esos efectos dependerá de la situación particular de cada país.

Los gobiernos y las empresas –sobre todo las vinculadas con recursos naturales e infraestructura— tienen en general menos flexibilidad financiera para lidiar con “el Niño” de 2023 en relación con la presentación del mismo fenómeno en 2016, consideró Moody’s Investor Service en su reporte “Gobiernos y empresas financieramente más limitados para enfrentar al Niño que en 2016”.

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De ahí que los gobiernos y las empresas tienen un margen financiero limitado para enfrentar posibles daños físicos e interrupciones de sus actividades, derivado de la naturaleza del fenómeno, que se caracteriza por abundantes lluvias y huracanes, cuyas consecuencias pueden ser devastadoras para la agricultura, la generación de electricidad, la logística, la infraestructura y algunas actividades industriales.

Sin embargo, “la mayoría de los países latinoamericanos y sus sectores económicos navegarán el choque climático sin experimentar mayor estrés crediticio, gracias en parte a los esfuerzos para fortalecer la resiliencia física y algunos incluso se van a beneficiar del fenómeno”, agregó Moody’s.

El impacto a corto plazo del “Niño” en el crecimiento económico estará sujeto a su gravedad, en tanto que los efectos a largo plazo dependerán de los daños a carreteras, escuelas y hospitales.

Según las afectaciones que enfrenten, los países latinoamericanos tendrán que otorgar estímulos y gastar presupuesto en la reconstrucción de infraestructura, al tiempo que verán crecer los costos de su endeudamiento si el incremento de los precios de los alimentos retrasa la flexibilización de la política monetaria.

A nivel regional, Brasil, Chile y Perú, notables exportadores de materias primas, pueden enfrentar los problemas más graves por “el Niño”. Por ejemplo, si Brasil enfrenta complicaciones en su sector agropecuario, los precios de los alimentos a nivel mundial también pueden crecer.

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Mientras que unas lluvias inusualmente altas pueden comprometer la producción minera de Perú y Chile, que son exportadores relevante de cobre y zinc, respectivamente, lo cual a su vez puede impulsar internacionalmente los precios de estos minerales.

Un fenómeno del “Niño” poderoso puede reducir la capacidad de pago de los empresarios o productores de las actividades agrícola, ganadera, pesquera y minera para cubrir sus deudas bancarias, lo que implica un riesgo para el sector bancario.

Pero un “Niño” más tranquilo puede que solo tenga algunos efectos a largo plazo y que los bancos tengan adecuadas reservas para atender eventuales incumplimientos.

Una afluencia atípica de lluvias implicará graves inundaciones, lo que constituye una amenaza para la infraestructura, sobre todo la generadora de electricidad, advierte Moody’s.

“El Niño retrasaría el desarrollo de la infraestructura, con consecuencias crediticias mixtas para la generación hidroeléctrica y los precios de la electricidad. Las inundaciones pueden reducir las opciones de transporte de pasajeros, bienes y servicios, y pueden dañar la infraestructura crítica relacionada con la energía. Los precios de la energía serán menos predecibles en las regiones que dependen principalmente de la energía renovable, lo que plantea riesgos para las empresas de servicios públicos que carecen de contratos de protección”, refirió el reporte.

Sin embargo, es probable que una mayor captación de agua pueda beneficiar a algunos países o regiones dentro de cada país. Este sería el caso de Argentina y de algunas zonas de México.

“Una alta precipitación puede fortalecer al sector energético de América Latina a través de la energía hidroeléctrica y puede fortalecer las cosechas de algunos productos como la soya, aún si las corrientes de agua se intensifican. Argentina se puede beneficiar en especial de lluvias más fuertes, lo que ayudará a recuperar la producción perdida en las sequías severas de principios de año. Una mayor caída de lluvia en el norte de México mejorará la disponibilidad de agua”, agregó el documento.

Moody’s recordó que nuestro país ha enfrentado en los últimos años escasez de agua, que ha puesto a prueba la capacidad de respuesta del país y de las empresas. Con lo que una mayor afluencia de lluvias puede ser benéfica ante este desafío.

El reporte comenta que aunque se aproximan complicaciones para los actores económicos de América Latina ante las pérdidas económicas que supone el fenómeno del “Niño”, los bancos observarán un repunte en los impagos que, en general, podrán sobrellevarlos, por sus reservas y también porque han tenido la precaución de reducir su exposición a las actividades agropecuarias.

“Si bien los bancos latinoamericanos han compensado en gran medida su riesgo crediticio por la alta morosidad de los préstamos al mantener sólidas reservas para pérdidas crediticias, la morosidad de los préstamos de algunos bancos seguirá aumentando en el tercer trimestre de 2023 antes de estabilizarse en el último cuarto”, concluyó Moody’s.

GC