Pese al endurecimiento de la retórica proteccionista en Washington de cara a la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), una salida de Estados Unidos del acuerdo luce como un escenario de muy baja probabilidad; sin embargo, México deberá prepararse para una nueva etapa en la relación bilateral, caracterizada por negociaciones más transaccionales, revisiones recurrentes y una supervisión más estricta sobre el cumplimiento del pacto comercial.

Así lo advirtió Pedro Casas Alatriste, director general y vicepresidente ejecutivo de la American Chamber of Commerce de México (AmCham), quien sostuvo que, si bien la política comercial estadounidense atraviesa por una transformación estructural, ello no implica una ruptura del acuerdo regional.

Durante una entrevista para  Norte Económico, el  podcast de Grupo Financiero Banorte, Casas afirmó que no observa condiciones para que la administración de Donald Trump abandone el tratado.

“No veo un escenario posible en el que Estados Unidos se salga del T-MEC”, aseguró.

De hecho, al plantear distintos escenarios rumbo a la revisión del acuerdo, el representante empresarial asignó probabilidad cero a una eventual salida de Estados Unidos del tratado.

Bajo esa misma lógica, descartó también la posibilidad de que el mecanismo comercial de Norteamérica se fragmente para dar paso a acuerdos bilaterales formales entre Washington y cada uno de sus socios por separado.

Explicó que un escenario de esa naturaleza requeriría la aprobación de nuevos acuerdos por parte del Congreso estadounidense, proceso que consideró inviable bajo las condiciones políticas actuales.

“Para irnos a un acuerdo bilateral, el acuerdo tendría que pasar por el Congreso, y Estados Unidos no tiene hoy la administración de Trump los puntos, ni los votos, ni el tiempo necesario para llevar esto a una aprobación legislativa”, expuso.

No obstante, advirtió que la permanencia del T-MEC no significa que la relación comercial vaya a conservar las mismas condiciones que en años anteriores.

Por el contrario, señaló que México debe prepararse para una relación bilateral más compleja, con un monitoreo permanente sobre el cumplimiento del acuerdo y revisiones recurrentes respecto de su implementación.

En ese contexto, consideró que el escenario con mayor probabilidad rumbo al proceso de revisión es la instauración de mecanismos de evaluación anual del tratado.

“Yo creo que es el escenario más probable, que es el de las revisiones anuales, cuando menos un año más, en donde el 1 de julio se anuncie un mecanismo de revisión, mesas de trabajo, etcétera”, comentó.

Para Casas, este nuevo esquema responde al cambio de fondo que ha experimentado Estados Unidos en materia de política comercial.

Indicó que Washington dejó atrás el paradigma de “free trade” o libre comercio para adoptar uno de “fair trade”, es decir, comercio administrado.

“Ya no hablan de free trade, hablan ahora de fair trade; ya no hablan de libre comercio, hablan de comercio justo o de comercio administrado”, explicó.

A su juicio, este viraje refleja una redefinición estructural de la estrategia económica estadounidense, enfocada en reindustrializar su economía, atraer de regreso manufactura a su territorio y reconstruir empleos industriales en regiones afectadas por la deslocalización productiva de las últimas décadas.

Dentro de esa lógica, añadió, Estados Unidos busca operar en un entorno donde los aranceles formen parte permanente de su política comercial, en contraste con el modelo previo de apertura comercial irrestricta.

A pesar de ello, señaló que México podría mantener una posición preferencial dentro de esta nueva arquitectura comercial.

“Escuché directamente del embajador decir que a México se le quiere dar un trato preferencial en materia arancelaria”, relató.

Ello significaría que, aun cuando Estados Unidos mantenga aranceles como herramienta de política comercial frente al resto del mundo, México podría seguir gozando de mejores condiciones relativas de acceso al mercado estadounidense.

Bajo este contexto, Casas anticipó que, aunque formalmente el proceso corresponde a una revisión trilateral del T-MEC, la negociación estará concentrada fundamentalmente entre México y Estados Unidos.

Incluso, aseguró que funcionarios estadounidenses han transmitido a representantes empresariales que la mayor parte de la negociación ocurrirá primero entre ambos países, antes de incorporar a Canadá en la fase final.

“Nos decían que 90% de la negociación va a ser entre México y Estados Unidos y una vez que todo eso quede ya resuelto, el 10 restante se va a invitar a Canadá a la mesa”, afirmó.

Añadió que ello refleja tanto la preferencia de Donald Trump por negociaciones bilaterales como la creciente tensión en la relación entre Washington y Ottawa.

A la par de este cambio en la dinámica negociadora, Casas señaló que la revisión del T-MEC ha dejado de limitarse exclusivamente al ámbito comercial.

Explicó que la agenda bilateral incorpora ahora temas de seguridad, migración, combate al tráfico de fentanilo y cooperación fronteriza, lo que ha ampliado de manera significativa el número de dependencias y funcionarios involucrados en el proceso.

“Sabemos que ya están en la misma mesa de negociación los temas de seguridad, los temas de fentanilo, migración y comercio”, señaló.

Esta nueva configuración, agregó, ha transformado la revisión del acuerdo en una negociación multifacética, en la que participan áreas que tradicionalmente no intervenían en discusiones comerciales.

Pese al avance de las conversaciones bilaterales, el director de AmCham reconoció que persisten diversos temas de fricción que seguirán marcando la negociación.

Entre ellos mencionó la permanencia de aranceles, el debate sobre un posible endurecimiento de reglas de origen y las barreras no arancelarias al comercio.

En particular, explicó que Estados Unidos ha insistido en la eliminación de distintos obstáculos regulatorios y administrativos en sectores como propiedad intelectual, farmacéutico, biotecnología, agricultura y energía.

Sin embargo, estimó que esas diferencias no representan por ahora un riesgo para la continuidad del tratado.

“No necesariamente diría que son deal breakers; están las fricciones como en cualquier negociación, pero creo que se está avanzando bastante bien”, afirmó.

Con todo, Casas sostuvo que, más allá de la retórica política y electoral en Estados Unidos, la integración económica de Norteamérica continúa siendo estratégica para Washington.

Argumentó que Estados Unidos necesita profundizar su integración con México y Canadá para competir con China en sectores clave como manufactura avanzada, inteligencia artificial y cadenas de suministro estratégicas.

“No hay duda alguna que la integración con México y con Canadá es algo sumamente estratégico para Estados Unidos”, afirmó.

ER