Después de 11 rondas de negociaciones, China y EUA se mantienen al filo de la navaja en las discusiones comerciales. Desde 2018, la administración Trump amenazó y, en casi todos los casos, cumplió con el incremento de tarifas arancelarias a diversos países, con el fin de reducir el déficit comercial bajo el argumento de que los tratados comerciales son “injustos” para la economía estadounidense. En particular, los ataques han ido dirigidos hacia China, país con el cual alcanzó un importante déficit comercial de 420 mil millones de dólares (mmd) el año pasado, lo que representa el 47% del déficit total de EUA. Las tensiones han escalado y recientemente EUA incrementó la tarifa a 25% sobre 250mmd en valor de importaciones chinas. Esto se dio en el marco de la última ronda de negociaciones en Washington y en medio de una serie de amenazas, donde Trump acusó a China de no respetar previos acuerdos y querer abrir capítulos y negociaciones ya cerradas. China respondió con otras medidas similares. Aunque las tensiones han bajado en los últimos días, el riesgo de un nuevo escalamiento se mantiene latente. Es altamente posible que las amenazas rijan el camino hacia un acuerdo. Aparte de seguir incrementando las tarifas, China tiene también otras opciones para presionar en las negociaciones. Conforme la economía se ha ido recuperando y estabilizando, China tiene menos necesidad de hacer concesiones que en el pasado. También, al ser una economía con una moneda controlada, las autoridades pueden decidir depreciar artificialmente su divisa para hacer más baratas las exportaciones y compensar las mayores tarifas. Asimismo, aunque mucho más dramática, siempre existe la posibilidad de que China comience a vender activos financieros estadounidenses. Hoy por hoy, China es el mayor tenedor de bonos estadounidenses, con una participación de cerca de 18% del total. Desde mediados de 2018, cuando EUA impuso las primeras tarifas, China ha bajado la tenencia de bonos en sólo 6%. Si quisieran ser mas “radicales”, podrían acelerar la venta de estos activos, provocando una fuerte distorsión y pérdida del valor de los mismos. Esta opción es lejana, pero existe. A raíz de esta última escalada en las tensiones comerciales, los mercados accionarios respondieron con una fuerte corrección. Varios índices accionarios en el mundo marcaron su caída diaria más agresiva desde diciembre, el S&P500 acumuló una caída de 4.5% en seis días, la volatilidad subió 60% en cuatro días y el apetito por activos riesgosos se desplomó. Sorpresivamente, el mercado accionario mexicano sólo acumuló una caída de 2.6% en una semana. Esto pone en evidencia que los mercados ya incorporaban que el acuerdo comercial concluyera con éxito. Ahora, los mercados esperan la reunión del G20 a finales de junio, donde el acuerdo podría, si no finalizarse, aferrarse a una resolución positiva. Después de China, el país más atacado en el tema comercial ha sido México. Por poco y nos olvidamos de que el T-MEC (confieso que el nuevo nombre me resulta ajeno) aún no ha sido ratificado, aunque todo está “negociado”. No obstante, la semana pasada, el optimismo aumentó ante la eliminación de las tarifas sobre el aluminio (10%) y el acero (25%) que impuso en marzo del año pasado. También, Trump retrasó la imposición de tarifas a la importación de coches de Japón y la Unión Europea mientras también se negocian acuerdos comerciales. Esto refleja que Trump está dispuesto a negociar “uno por uno”. Ahora, la posibilidad de que el T-MEC se ratifique está más cerca, aunque el camino aún es largo. La polarización partidista en EUA, en particular la pelea entre Nancy Pelosi y Trump, es alta y se profundizará conforme se acerque la carrera electoral el siguiente año. Dado que México compite con algunos productos chinos en el mercado estadounidense, puede jugar con ventaja en la guerra comercial; siempre y cuando: 1) siga teniendo la puerta abierta del tratado de libre comercio; 2) funcione como un bloque integrado en las cadenas de producción al estilo TLCAN como hasta ahora; 3) si Trump “demuestra” que ha ganado alguna batalla comercial mejorando los acuerdos, podrá moderar su discurso anti-libre comercio y evitar mayores ataques a otras economías. Daniela Blancas