En 1981, Chile fue el primer país en América Latina en reformar su sistema de pensiones al pasar de un esquema de pensiones de reparto a otro de capitalización individual. El sistema de pensiones en Chile está integrado por tres pilares: un pilar solidario de protección contra la pobreza en la vejez; un pilar contributivo de cuentas individuales, administradas por AFP´s (Afores); y un pilar de ahorro voluntario. El sistema ha acumulado 175 mil millones de dólares, equivalentes a 70% del PIB, los cuales son administrados por 6 administradoras de fondos de pensiones (AFP). En diciembre de 2016, 5.7 millones de trabajadores cotizaron activamente al sistema 65% de la población económicamente activa). Dado que el sistema tiene ya 36 años de operación, se encuentra en la fase de pagar pensiones a un número creciente de chilenos. El funcionamiento del sistema es muy similar al del Sistema de Ahorro para el Retiro (SAR) de México:
  • Los trabajadores realizan aportaciones obligatorias a las Administradoras de Fondos Pensiones/Retiro.
  • Las aportaciones son invertidas en mercados financiaros a través de fondos de pensiones.
  • Las inversiones generan rendimientos que incrementan el saldo acumulado en la cuenta individual del trabajador.
  • Al llegar a la edad de retiro las personas eligen retirar sus recursos mediante distintas modalidades de pensión.
Datos generales del sistema de pensiones de cuentas individuales en Chile
Características Indicadores Chile
Fecha de inicio 1981
Número de administradoras de fondos de pensiones (6 AFP)
Tasa de aportación 10% del salario (trabajador)
Edad de jubilación 60 años mujeres y 65 hombres
Expectativa de vida 81.6 años mujeres y 76.5 hombres
Ahorro acumulado 174.5 mil millones de dólares (70.8% del PIB)
Rendimiento nominal neto histórico 8%
Número de afiliados totales 10,165,470
Número de aportantes activos 5,691,314
Ingreso por comisiones sobre saldo administrado (2016) 0.57%
Cobertura (Aportantes / Población Económicamente Activa) 65%
Densidad de cotización promedio 53.4%
Tasa de reemplazo promedio 45%
Fuente: Información obtenida de la página web de las Superintendencia de Pensiones en Chile. Si bien la operación general del sistema es parecida a la del sistema mexicano, existen diferencias relevantes en cuanto a sus parámetros principales: tasa de contribución, expectativa de vida, edad de retiro. En los últimos meses han surgido voces críticas hacia el sistema. En ese tenor, conocer las experiencias positivas y negativas del sistema de pensiones chileno ofrece una ventana inmejorable de aprendizaje para el caso mexicano, cuyo esquema de pensiones se diseñó bajo criterios similares (no iguales) y que hoy se encuentra en la parte intermedia de su fase de acumulación. En Chile la tasa de aportación es del 10% (vs 6.5% en México), pagada en su totalidad por el trabajador (en México tripartita y el trabajador aporta el 1%). La esperanza de vida en Chile al cumplir 65 años se ha incrementado notablemente en las últimas décadas. En 1950 ésta era de 12 años para hombres y 14 para mujeres; sin embargo, para 2015 la esperanza aumentó a 19 años para hombres y 23 para las mujeres, una de las más altas de América Latina. En Chile, la edad de retiro de hombres y mujeres es distinta: 65 y 60 años, respectivamente (en México es la misma edad de retiro 65 años si bien muchos optan por un retiro anticipado vía la cesantía). En 2008 se llevó a cabo la primera -y única- gran reforma del sistema de pensiones chileno. Para entonces, si bien el sistema se había consolidado como un pilar de la estabilidad macroeconómica del país, era evidente la necesidad de fortalecer y mejorar al sistema. El sistema enfrentaba algunos retos importantes como lo era una baja cobertura derivado de una importante proporción de trabajadores en el sector informal; bajas densidades de cotización; y un importante número de trabajadores que no alcanzaba los requisitos para pensionarse. No obstante, las críticas no han amainado. La principal causa de la insatisfacción con el sistema de pensiones chileno es el monto de las pensiones que se están pagando, ya que éste es menor a las expectativas de los trabajadores. Los parámetros con los que se establece y se desarrolla un sistema de pensiones resultan fundamentales para explicar su “éxito” o “fracaso” pues no existe ningún sistema de pensiones en el mundo que pague altas pensiones con bajos niveles de contribución, o bajos niveles de densidad de cotización o bajas edades de retiro. Posponer las decisiones necesarias para que dichos parámetros se alineen con una trayectoria para alcanzar mejores pensiones, como ocurrió en Chile, conlleva un riesgo de generar insatisfacción entre los ahorradores. Más aún, conforme se posponen las decisiones de reformar el sistema, crece el riesgo de politización del mismo y, por ende, la dificultad de llevar a cabo una discusión técnica seria basada en fundamentos. El contexto financiero internacional actual sugiere que nos encontremos ante un escenario de menores rendimientos respecto a los observados en las últimas décadas. Ante ello, una lección clave de Chile es que resulta fundamental liberalizar a tiempo el régimen de inversión que hoy luce muy restrictivo para permitir que las AFORE generen rendimientos más competitivos al ahorro de los trabajadores. Por último, una clara lección que deja la experiencia de Chile es que las AFORES deben vincularse mucho más activamente con sus clientes para mejorar los servicios, generar  confianza e inducir a sus clientes a ahorrar más mediante alertas tempranas del riesgo de no alcanzar las pensiones deseadas. Si quieres conocer el estudio completo da click aquí: https://www.gob.mx/consar/articulos/la-experiencia-pensionaria-de-chile-un-espejo-para-mexico?idiom=es