La crisis provocada por los excesos, sí, esa es la palabra que tendremos que usar, del Sr. Santiago Nieto es innegable excepto para quienes quisieron usar la situación con el afán de satisfacer agendas personales. Lamentablemente, así son la mayoría de nuestros “servidores públicos”. El Sr. Nieto exageró, porque nunca lograremos que acepte que mintió, en sus declaraciones ante el periódico Reforma y una vez estallada la bomba; realizó una gira mediática donde pretendió justificar sus fallas y en varias de las entrevistas, a la pregunta “¿Fue usted presionado por Emilio Lozoya?”, pregunta que pegaba en la línea de flotación de su credibilidad, la respuesta fue “No hay presión sino te dejas presionar”. Con su nefasta actuación, el Sr. Nieto no sólo debilitó a la institución para la que servía, también nos privó de conocer la verdad a detalle sobre las acusaciones a Emilio Lozoya y la ruta que, supuestamente, siguió el dinero de la empresa Odebrecht para la campaña del PRI en el año 2012 y le sirvió a la defensa del Sr. Lozoya, al no respetar el debido proceso, un perdón que sólo le corresponde a las leyes otorgar. De ahí en adelante todo es historia conocida; vino la petición al Senado de la República para que se analizara su caso y fuera reinstalado en el cargo polarizando a los partidos políticos en pugna por la presidencia de la república. Después, de forma inexplicable, e inaceptable desde mi punto de vista, decidió retirar dicha petición y se llamó hombre de leyes al que no le importó el daño causado a la institución. ¿Qué es eso?, ¿Tenemos algún nombre para una persona que justifica con frases pomposas su actuar sin reconocer su responsabilidad? ¿Es válido que lo haga? Si levantamos una encuesta entre los mexicanos podemos estar seguros de que la respuesta más mencionada será: “es un político”. En este lamentable suceso todos salimos perdiendo, pero las preguntas importantes y que merecen respuesta son: ¿Era inevitable? ¿Lo es a futuro? La respuesta que esté pensando amable lector se debe primero, a que los funcionarios cuentan con una baja aprobación entre la sociedad lo que provoca su desinterés por participar en asuntos políticos y electorales y esto, como lo veremos en la elección presidencial, permite que la clase política caiga en la tentación de desconocer la figura de autoridad cometiendo actos violentos por los supuestos agravios cometidos contra nuestros derechos y resultando en la supuesta falta de legitimidad de quienes resulten electos. Pero ¿Qué pasa cuando la propia autoridad electoral se vuelve rehén de quien la representa? ¿Cuál es el procedimiento para revigorizarla después de un golpe como este? Qué debe hacer un gobierno que cuenta con los votos suficientes en el poder legislativo para proponer y aprobar cambios en normas y leyes pero que se encuentra con la resistencia de una minoría que toma como rehén, por ejemplo, la Ley de Ingresos de la Federación utilizando como pretexto el supuesto despido injustificado de una persona que miente. ¿Qué debe hacer la autoridad ante el hecho comprobado de que uno de sus miembros faltó a la verdad? O ¿Qué hacer con políticos mediocres que en la lucha por sus intereses se dedican a defender sólo lo indefendible? Una opción está en la respuesta que el Sr. Nieto entregó una y otra en su gira mediática. En los próximos meses, cuando se proponga la terna para designar un su sucesor en la FEPADE; Ricardo Anaya junto con sus partidos “satélite” del Frente Ciudadano y Andrés Manuel López Obrador deberán entender y aprender que en democracia quien tiene la mayoría está facultado para actuar sin que se les llame autoritario, pero, aún más importante, el presidente Peña y sus operadores políticos, que son mayoría, deben aceptar la responsabilidad de serlo y proceder en consecuencia. Otra opción es dejar atrás, de una vez por todas, la idea absurda de que es el hombre quien hace a la institución. Debemos evitar buscar salvadores, personajes inmaculados quienes gracias a esa pureza traigan luz, verdad y honorabilidad a la institución. Aceptemos que el prestigio de cualquier oficina en el servicio público proviene del privilegio de servir al esfuerzo colectivo. Con base en las últimas encuestas de preferencia electoral por partido rumbo a la elección del 2018, se puede pronosticar que el siguiente gobierno estaría en la posición de requerir un mínimo de votos dentro de los órganos legislativos para contar con la mayoría simple en ambas cámaras y así evitar, por ejemplo, evitar como cada seis años realizar una reforma electoral para satisfacer las demandas de quienes resultaron vencidos en la contienda. El lamentable y vergonzoso suceso del ex fiscal Santiago Nieto nos enseña que para dar resultados en el ejercicio de gobierno y de poder, existen dos opciones muy claras. La primera, requiere de un esfuerzo colectivo para actuar como Vicente Guerrero quien en su lucha por la independencia de México ante pocas posibilidades de éxito nos marcó la ruta diciendo “La patria es primero…” O la segunda, actuar como el Sr. Santiago Niego quien piensa que “no hay presión sino te dejas presionar…”.