Cada supuesto del marco macroeconómico tiene un efecto medible sobre las finanzas públicas. Para dimensionar la exposición conjunta conviene construir un escenario, es decir, una combinación de supuestos distintos a los del paquete, y aplicar sobre él las sensibilidades que publica la propia autoridad. El ejercicio no pretende ser un pronóstico, sino medir qué tanto se movería el déficit si varias de las variables resultaran menos favorables al mismo tiempo.

Ese escenario supone que en 2027 la economía crece 1.0% en lugar del 2.0% implícito en el paquete, que la mezcla mexicana promedia 55.0 dólares por barril en lugar de 61.8, que el tipo de cambio se ubica en 17.4 pesos en lugar de 17.9 y que la tasa de interés cierra el año en 6.25% en lugar de 6.0%.

Cabe destacar que ninguna de las cuatro desviaciones es extrema. El crecimiento de 1.0% es el que se ha observado a lo largo de 2026 y coincide con el límite inferior del intervalo del Banco de México. El precio de 55.0 dólares por barril se ubica por encima de los 54.7 que suponían los Pre-Criterios de abril, es decir, no supone un colapso del mercado petrolero sino un regreso al supuesto que la propia Secretaría de Hacienda manejaba hace cinco meses. El tipo de cambio de 17.4 pesos sigue estando por encima del nivel al que la divisa cotiza actualmente. Y el alza de 25 puntos base en la tasa equivale a que el Banco de México realice un recorte menos de los que anticipa el paquete.

Bajo ese escenario el faltante ascendería a 150.2 mil millones de pesos, equivalentes a 0.4% del PIB, con lo que los requerimientos financieros del sector público pasarían de 3.9% a 4.3% del PIB, es decir, por encima incluso del nivel estimado para 2026. Destaca que la mayor contribución individual proviene del precio del petróleo, seguida del crecimiento económico.

Es importante señalar la magnitud de esa cifra frente al tamaño del ajuste que el PEF 2027 plantea. El faltante equivale a 14.6% de toda la inversión física presupuestada para 2027 y a 9.7% del déficit amplio. Considerando que la consolidación de mediano plazo descansa casi por completo en recortar la inversión física, una desviación de esa magnitud implicaría adelantar el ajuste o ampliar el endeudamiento, lo que podría llevar a que las agencias calificadoras recorten la calificación y se pierda el grado de inversión.

Estas estimaciones tienen tres límites que conviene precisar. El primero es que se trata de elasticidades puntuales y lineales, calibradas para desviaciones acotadas respecto al escenario central, por lo que su precisión disminuye conforme la desviación crece. El segundo es que los choques suelen presentarse correlacionados, ya que un escenario de menor crecimiento normalmente viene acompañado de depreciación cambiaria y de una trayectoria distinta de tasas, de modo que los efectos se cruzan y en parte se compensan, y en ese sentido el escenario aquí presentado supone la combinación menos favorable. El tercero es que las sensibilidades solo capturan el efecto sobre ingresos y costo financiero, y no incorporan la respuesta del gasto ni los mecanismos de amortiguamiento con que cuenta la autoridad.

Entre esos mecanismos destacan las coberturas petroleras que contrata la Secretaría de Hacienda cada año y el Fondo de Estabilización de los Ingresos Presupuestarios.

Es importante señalar que el paquete asigna a los fondos de estabilización 6.0 mil millones de pesos para 2027, monto que representa 4.0% del faltante estimado, por lo que su capacidad de amortiguamiento es acotada frente a las desviaciones consideradas.

Por Gabriela Siller Pagaza / Análisis Económico Banco Base

Sígueme en Twitter: @GabySillerP

[email protected]