El 2026 arranca con una economía mundial más resiliente que lo previsto, pese a la incertidumbre de proporciones históricas en comercio y políticas públicas. El Banco Mundial proyecta que el crecimiento global se mantendrá casi estable y cederá a 2.6% en 2026 para luego repuntar a 2.7% en 2027; el 2020‑2029 sería, aun así, la década de crecimiento más débil desde los años sesenta. La inflación global convergería hacia 2.6% en 2026 por mercados laborales menos tensos y energía más barata. Es un cuadro de desaceleración benigna, pero con brechas: al cierre de 2025 una de cada cuatro economías en desarrollo seguía con ingreso per cápita inferior a 2019. Para empresas y tesorerías, esta mezcla sugiere demanda global moderada, costos financieros a la baja y riesgos de cola por política comercial.

El reciente informe del Banco Mundial detalla que la fortaleza del 2025 se apoyó en adelantamiento de comercio ante cambios de tarifas, cadenas que se reconfiguran y un boom de inversión en IA; estos apoyos se diluirían este año. Los riesgos siguen inclinados a la baja: escalamiento arancelario, correcciones de mercado por dudas fiscales o sorpresas inflacionarias. Para contrarrestar, el Banco Mundial enfatiza reformas que atraigan inversión privada y fortalezcan marcos fiscales y monetarios.

Para México, el punto de partida es crecimiento bajo, inflación contenida y foco en comercio. Este 2026 no será el año del gran salto, sino el de ejecutar con precisión para comprar tiempo: la inflación estará cerca del 4%, Banxico pausará antes de retomar recortes y la revisión del T‑MEC concentrará la atención de los tomadores de decisiones ante la gran incertidumbre que lo rodea.

Vamos por partes, el consenso de los analistas anticipa un crecimiento del PIB cercano al 1.0%, con un consumo modesto soportado por desempleo bajo e inflación a la baja, pero con consolidación fiscal que limita gasto y una inversión gradual por incertidumbre interna y externa. Adicionalmente podría impactar una disminución en el flujo de remesas, principalmente en las plazas receptoras, ante la entrada en vigor del impuesto de 1% a los envíos en efectivo desde EUA.

En precios, la inflación se moderó a finales del año anterior, en diciembre cerró en 3.69% anual y la subyacente quedó alrededor de 4.33%. Lograr un 3% sostenido podría tomar más tiempo. Para tesorerías, esto sugiere un sendero de tasas a la baja, pero más pausado. En este sentido, Banxico mantiene la expectativa de convergencia a 3% hacia el 3T‑2026. Las minutas y comunicados remarcan la incertidumbre comercial global como un factor que dificulta el trazo de la trayectoria, al tiempo que un peso fuerte acota la volatilidad … por ahora.

Para este año, el punto central es la revisión del T‑MEC, con un calendario que apunta a definiciones hacia julio de este año. La Secretaría de Economía adelantó cuatro prioridades: mantener el tratado, fortalecer controversias, reciprocidad en el Mecanismo Laboral de Respuesta Rápida y cumplimiento de cartas paralelas. En la práctica el foco está en las reglas de origen y potenciales ajustes arancelarios sectoriales. El gran dilema es, por un lado, incertidumbre por la revisión y por aranceles impuestos por EUA a distintos orígenes; por otro, la evidencia de que una mayor proporción de exportaciones mexicanas entra cumpliendo reglas de origen (80–86% en algunos rubros), lo que ha mitigado el golpe. Esta incertidumbre sigue pesando en inversiones, pero podría disiparse si la revisión concluye sin cambios disruptivos. Aun con mayores costos de cumplimiento, varias fuentes subrayan que la integración con EUA continúa siendo el ancla: proyecciones de 2026 ven un consumo estadounidense todavía sólido en sectores que importan de México (autopartes, electrónicos). No obstante, es importante señalar que la industria automotriz enfrentó un 2025 débil; la recuperación en 2026 será heterogénea y depende del detalle de reglas de origen.

Por otra parte, esperamos una consolidación fiscal para este año. Análisis de calificadoras resaltaron la tensión entre crecimiento bajo y la necesidad de estabilizar la deuda, con foco en empresas estatales y en la calidad del gasto. S&P mantuvo grado de inversión con perspectiva estable, advirtiendo que crecimiento “deficiente” y problemas en estatales presionan; Fitch proyectó 1.3% de PIB en 2026 y alertó que el “débil crecimiento dificulta la consolidación”. Para tesorerías corporativas, un marco fiscal creíble ayuda a anclar tasas de largo plazo; el reto es que el espacio para estímulos luce acotado. Para estabilizar deuda y crear margen, podrían requerirse esfuerzos adicionales de consolidación; y el dinamismo deberá provenir, sobre todo, de inversión privada y de reformas de productividad. El apetito inversor dependerá de certidumbre regulatoria, estado de derecho y señales de no sorpresas fiscales.

Por último, el “nearshoring” sigue siendo “la gran narrativa”, pero su traducción en nueva IED neta y capex doméstico ha sido desigual. Gran parte de la IED de 2021‑2025 ha sido reinversión de empresas ya instaladas; la nueva IED crece menos de lo esperado. Organismos multilaterales y calificadoras vienen subrayando que infraestructura (energía, agua, puertos, cruces fronterizos) es determinante para materializar el nearshoring. La falta de capacidad eléctrica firme y de inversión en transmisión agrega riesgo operativo. A la vez, mercados logísticos se expanden y la demanda por naves y corredores industriales (CDMX, Monterrey, Tijuana) se mantiene dinámica. Para 2026, el potencial existe, pero certidumbre regulatoria, energía e infraestructura son cuellos de botella. El Banco Mundial y la OCDE señalan que el beneficio de relocalización requiere marcos pro‑inversión, capital humano y trámites simplificados. En sus perspectivas, México podría sorprender al alza si convierte el nearshoring en incrementos de productividad y encadenamientos locales; de lo contrario, el crecimiento quedará en el rango cercano al 1%.

Por Carlos Alberto González Tabares

Director de Análisis Económico Cambiario y Bursátil de Grupo Financiero Monex

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