El 2025 estuvo marcado por un bajo crecimiento económico en México. El año, marcó un punto de inflexión para el mercado laboral con un gran deterioro, pues fue en la informalidad en donde se crearon empleos, mientras que el número de ocupados en la formalidad descendió, algo que solamente se ha visto en períodos de recesión. La inversión fija bruta registró su mayor caída desde la pandemia y además, siguió el debilitamiento de las instituciones.
Paradójicamente, fue el sector exportador lo que impulsó el crecimiento económico, pues las exportaciones crecieron 7%, mientras que el consumo registró un crecimiento menor al 1% y la inversión fija bruta cayó 7%, a la par que el gobierno continuó con su consolidación fiscal, aunque sin lograr las proyecciones de disminución en el déficit fiscal y en la razón de deuda sobre PIB. De hecho, la composición del gasto público también se deterioró, pues se priorizó el gasto corriente, mientras que el gasto en inversión física disminuyó 27.5%, el mayor recorte desde 1995.
Con todo esto, se estima que México cayó en una trampa de estancamiento económico. Esta afirmación no se debe al bajo crecimiento del 2025, si no a: 1) la tendencia de crecimiento actual, por debajo del promedio observado hasta 2018, 2) la combinación de caída de la inversión fija, aumento de la informalidad, caída en la productividad y debilitamiento de las instituciones, 3) la desvinculación del crecimiento de Estados Unidos.
No se puede culpar por completo a la política proteccionista de Estados Unidos, pues a pesar de los aranceles impuestos en ese país en 2025, las exportaciones crecieron. Así, han sido mayormente factores internos los que han llevado a México a la trampa del estancamiento, con un círculo vicioso de bajo crecimiento, baja creación de empleo formal, caída en la productividad, bajos aumentos de la masa salarial, bajo crecimiento de los ingresos de las empresas, con lo que se limita la creación de empleo y se postergan proyectos de inversión, lo que vuelve a provocar un bajo crecimiento del PIB.
Así, la pregunta recurrente ya no es si México está en recesión, si no qué se necesita para salir del estancamiento.
Para que México salga de la trampa del estancamiento, es imperante que se propicien condiciones de certidumbre para que el sector privado se anime a invertir. Además, hay que mejorar la seguridad pública del país, frenar los crecientes costos laborales de las empresas, incentivar la creación de empleo formal (no como una camisa de fuerza, sino con incentivos fiscales, que, aunque generen costos o menores ingresos tributarios, muy pronto darían resultados favorables) y en general dar condiciones de certidumbre, en aspectos relevantes como lo fiscal. Desde el gobierno se debería invertir más en infraestructura, mejorando las condiciones de las carreteras del país y en energía eléctrica. El mayor gasto del gobierno podría descongelar algunos proyectos de inversión del sector privado que están a la expectativa de cuándo podría reactivarse la economía y de qué pasará más adelante. Los proyectos de inversión del sector público deben de ser eficientes, que a todas luces tengan una rentabilidad financiera y social positiva, sin incurrir en proyectos que generan más incertidumbre en el país
En cuanto al comercio con Estados Unidos debe priorizarse en la revisión del T-MEC a la industria automotriz, que se ha visto seriamente afectada por los aranceles sectoriales en Estados Unidos. Además, deberían impulsarse acuerdos para asegurar una segunda ola de nearshoring en México en la industria de equipo de cómputo, la cual ha incrementado sustancialmente sus exportaciones, debido a que los productos mexicanos han sustituido en parte lo que Estados Unidos compraba desde China.
Por Gabriela Siller Pagaza / Análisis Económico Banco Base
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