Ricardo Anaya es un político a quien nadie puede negarle la habilidad para hacer acuerdos y construir mayorías. En los últimos meses se ha convertido en el rostro de varios momentos trascendentales para el país. Otra de las “cualidades” que se han visto en Ricardo Anaya es su personalidad escurridiza cuando se trata de recibir golpes mediáticos y afrontar escándalos, reales o inventados, en la arena política. La creación, hasta el momento exitosa, del llamado Frente Ciudadano por México catapultó las posibilidades de detener a Andrés Manuel López Obrador en su camino a la Presidencia y parecía sepultar las opciones del PRI para mantenerse en Los Pinos. Pero su más grande prueba está por presentarse en los próximos días: la designación del candidato a la presidencia por el Frente Ciudadano por México. Para nadie es un secreto que Ricardo Anaya, pese a su negativa de aceptarlo, trabaja día y noche para ser él quien aparezca en la boleta por esta alianza y hasta el momento todo le estaba resultando perfecto. Sin embargo, Ricardo Anaya sabe construir, pero no sabe tejer fino y esto es básico para cumplir sus aspiraciones. No supo, o no quiso, tejer una alianza con Margarita Zavala que le permitiera un mejor camino dentro del PAN; tampoco lo hizo con Rafael Moreno Valle y, ahora, está en curso de colisión con Miguel Ángel Mancera, quien se perfila como el más viable candidato de esta alianza. ¿Saldrá bien librado de este choque? Tal vez, pero Anaya debe considerar que en todas las encuestas de intención de voto en “Frente” comienza a perder el impulso que tuvo al inicio. Además, en la última encuesta de Consulta Mitofsky “Los Presidenciables”, cuando se pone a Ricardo Anaya como candidato en los careos frente los principales rivales, el “Frente” pierde hasta cuatro puntos y esto sólo se le puede atribuir al dirigente panista. Sería un grave error que Ricardo Anaya se empecinara en ser el candidato del Frente Ciudadano por México. Sí, tendría boleto de primera fila para la elección del 2018, pero estar en primera fila es ser espectador. Ricardo Anaya, el llamado joven maravilla, por su obsesión de ser candidato del PAN o del Frente, no se da cuenta que le quita más empuje a la única idea buena que ha aportado a la política nacional. Anaya, sin embargo, está a las puertas de la inmortalidad política, ya que puede convertirse en un estadista que piense en la siguiente generación de mexicanos y no en el clásico político que sólo ve la preferencia electoral de los mexicanos. Está por verse cómo procesan sus aliados del PRD la decisión de ir con Acción Nacional y Movimiento Ciudadano, y para esto mucho peso tendrá la decisión de Ricardo Anaya de rebasar a todos e irse por la derecha y hasta topar con el Frente.