Lamentablemente, lo que tenemos es un método que hace imposible que los ciudadanos, los que realmente lo son, logren representar.
Por Aarón Sánchez
Derecha
En 2014 se introdujo en la arena electoral nacional la figura de “Candidato Independiente”, lo cual fue celebrado por la mayoría de los analistas políticos y la sociedad -en general- lo aplaudió como un gran triunfo.
De acuerdo con el Instituto Nacional Electoral (INE), “Las candidaturas independientes representan la vía por la que ciudadanos, sin afiliación a algún partido político, puedan contender por cargos de elección popular”. Sin embargo, hemos visto una y otra vez que esta posibilidad de aparecer frente al electorado ha sido utilizada por políticos despreciados o maltratados por las dirigencias de sus partidos.
Muestra clara de esto son las candidaturas “independientes” de Margarita Zavala y Jaime Rodríguez, ‘El Bronco’. La realidad es que son los rechazados, son los perdedores de sus respectivos partidos políticos.
Sin embargo, ahora aparecen diciendo que “los ciudadanos estamos hartos de los políticos y que sean los mismos de siempre”, pensando que no recordamos cómo Jaime Rodríguez fue priísta por más de 20 años e independiente sólo seis meses.
Nadie olvida cómo Margarita Zavala contó, durante décadas, con una alegría y orgullo que sólo te da el sentido de pertenencia, sus historias sobre cómo llegó al PAN y cómo salía a pintar bardas y repartir trípticos de la mano grandes figuras de ese partido.
Pero, realmente, ¿para qué queríamos las candidaturas independientes? Se buscaba la libertad de participar en la vida política del país sin que, al hacerlo, se validara el secuestro de los espacios públicos por parte de los partidos políticos.
Lamentablemente, lo que tenemos es un método que hace imposible que los ciudadanos, los que realmente lo son, logren representar, que al final de eso se trata, los intereses de aquellos que piensan distinto a los políticos convencionales.
Por desgracia hicieron todo mal. Siguen sin entender que se trata de crear instituciones que funcionen sin importar qué persona, partido o grupo represente la mayoría del poder político. De nada serviría que el titular del Poder Ejecutivo Federal este ocupado por un “independiente” si la administración pública tiene filiación partidista.
Debemos transformar nuestro sistema político electoral a uno donde sean los partidos políticos quienes busquen hacer a los ciudadanos independientes sus candidatos y no privilegiar a los rechazados con espacios que sus propios órganos les negaron.
Sólo así se podrá justificar el pedirle a un ciudadano que compruebe 866,593 firmas de apoyo repartidas en 17 estados del país sumando el 1% de la lista nominal en cada uno de ellos.
Demos el justo valor a este requisito puesto que, quien lo cumpla, es una fuerza política que representa, por ejemplo, a 113,176 mexiquenses, a 55,958 veracruzanos, a 43,397 poblanos y a 42,508 guanajuatenses, y no la obsesión por el poder de un político rechazado.