En las últimas semanas, el tipo de cambio (peso vs. dólar) ha captado la atención de analistas, empresarios y responsables financieros. El peso ha mostrado una apreciación sostenida, alcanzando niveles no vistos desde agosto de 2024, ubicándose por debajo de los 19.0. Esta apreciación, que lo coloca como una de las monedas emergentes con mejor desempeño en el año, no es casual, obedece a factores estructurales y coyunturales que los tomadores de decisiones financieras deben analizar con detenimiento.
Por otro lado, el dólar ha perdido terreno frente a una canasta de monedas globales, especialmente por la incertidumbre política y económica de EUA generando dudas sobre la solidez del dólar como activo de refugio. ¿Estamos ante una verdadera fortaleza del peso o simplemente frente a una debilidad estructural del dólar?
Más allá de la narrativa macroeconómica, lo que está en juego son decisiones concretas de cobertura, financiamiento, precios, exportaciones e importaciones que impactan directamente los márgenes y la rentabilidad de las empresas.
Veamos, México sigue siendo atractivo para inversionistas globales por su estabilidad macro y una tasa de interés aún elevada. A pesar de que el Banco de México ha reducido su tasa de referencia a 8.00% (sigue siendo de las más altas entre economías emergentes), el diferencial respecto a la tasa de referencia de la Reserva Federal (4.25%-4.5%) aún ofrece rendimientos competitivos, lo que sigue atrayendo flujos de capital de corto plazo, generado una entrada significativa de capital extranjero a instrumentos de deuda local. Solo en junio, la tenencia de valores gubernamentales por parte de extranjeros aumentó en más de 40 mil millones de pesos, alcanzando un total cercano a los 1.8 billones de pesos, según datos de Banxico. El fenómeno del “carry trade” sigue siendo relevante, aunque con menor impulso que a inicios del año.
Adicionalmente, las remesas e ingresos por exportaciones han sido otro motor de entrada de divisas a nuestro país. El flujo constante a través de remesas sigue siendo un soporte importante. De enero a mayo de 2025, se recibieron cerca $24,000 mdd, lo cual se suma a las exportaciones manufactureras, que si bien se han desacelerado respecto al año anterior mantienen un crecimiento acumulado en el año del 6.9%. Ambos factores mejoran la oferta de dólares y fortalecen la balanza de pagos.
La disciplina fiscal y el alcance de las reservas internacionales que ascienden a US$241,000 mdd, brindan también confianza a los inversionistas y compensa parte del riesgo asociado a políticas internas y noticias internacionales. México destaca por su menor volatilidad, solidez macro y percepción favorable en los mercados internacionales.
Por otra parte, el dólar se ha venido debilitando, entre otras cosas por la Política Fiscal Expansiva, las Tensiones Comerciales y las Expectativas de la FED. En el primer caso, la reciente aprobación de la ley fiscal de Trump, conocida como “The One, Big, Beautiful Bill”, eleva el techo de la deuda en 5 billones de dólares, lo que ha generado preocupaciones sobre la sostenibilidad fiscal de EE.UU.
En el segundo caso, el gobierno estadounidense ha anunciado la imposición de aranceles a diferentes países, que independientemente de que se realicen o no generan incertidumbre en los mercados globales. Por último, aunque la Reserva Federal ha mantenido una postura cautelosa, los mercados descuentan posibles recortes de tasas hacia finales de 2025, lo que ha debilitado al dólar frente a monedas emergentes.
La reciente apreciación del peso frente al dólar responde a una combinación de factores internos sólidos y una coyuntura internacional que ha debilitado al dólar. En este contexto, analistas consideran que aún hay espacio para una mayor apreciación, aunque advierten sobre la volatilidad asociada a eventos políticos y comerciales.
Para empresarios, CFOs y tesoreros, este entorno representa tanto oportunidades como riesgos que deben gestionarse con información y herramientas adecuadas:
1) Revisar estrategias de coberturas cambiarias: Aprovechar niveles actuales para asegurar márgenes. Empresas importadoras podrían fijar costos o adelantar compras. Nada garantiza que esta tendencia continúe. Cambios en la Fed, riesgos políticos o presiones internas podrían revertirla; 2) Diversificación de portafolios: Incluir activos en pesos que ofrezcan rendimientos reales positivos. 3) Revisar pasivos en dólares: Una moneda fuerte reduce el costo de pagar o refinanciar deuda en dólares. Puede ser momento de aprovechar. 4) Actualizar pronósticos y márgenes: Los supuestos financieros deben alinearse a este nuevo contexto. Un tipo de cambio más bajo afecta precios, márgenes y decisiones de inversión.
En conclusión, pese a los diferentes retos que nos enfrentamos como país, la apreciación del peso es reflejo de fundamentos sólidos, flujos positivos y confianza en la política económica. La realidad es que afuera no hay muchos “Méxicos”, pero también es una ventana de oportunidad que debe aprovecharse con visión estratégica. Para los equipos financieros, hoy no basta con reaccionar: hay que anticiparse.
Por Carlos Alberto González Tabares
Director de Análisis Económico Cambiario y Bursátil de Grupo Financiero Monex
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