El mundo transita por tiempos cruciales. En noviembre de este año, Glasgow será sede de la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26). De acuerdo con la secretaria ejecutiva de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, Patricia Espinosa, la COP26 es importante porque significa un esfuerzo multilateral contra el cambio climático. En este sentido, los países participantes deberán mostrar la voluntad y el talento necesarios para concluir las negociaciones que permitan aplicar plenamente el Acuerdo de París.
Cabe recordar que el Acuerdo de París es un tratado internacional sobre el cambio climático que entró en vigor el 4 de noviembre de 2016. Su objetivo, jurídicamente vinculante para los países firmantes, es limitar el calentamiento mundial a muy por debajo de 2 grados centígrados – preferiblemente a 1,5 grados centígrados – en comparación con los niveles preindustriales.
Actualmente se realizan trabajos previos para consensuar posturas de cara a la COP26. En este contexto, hace unos días el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas celebró un debate de alto nivel sobre clima y seguridad. En el evento, los representantes de los países que integran este organismo – México incluido – tuvieron la oportunidad de escuchar la conmovedora intervención del naturalista y divulgador científico David Attenborough.
En su discurso, este influencer británico consideró que las modificaciones en los patrones climáticos son una amenaza sin precedentes para la seguridad internacional. Tras enfatizar que el aumento global de las temperaturas destruirá ciudades y sociedades enteras en los próximos años, afirmó que el calentamiento de nuestro planeta ha llegado al punto en que los impactos sobre los más pobres y vulnerables son ya profundos e irreversibles.
Attenborough habló también del hecho de que estamos peligrosamente cerca de un punto de inflexión que, una vez superado, hará que las temperaturas globales suban en una espiral catastróficamente. De continuar esta tendencia, alertó, enfrentaremos el colapso de todo aquello que nos da seguridad: producción de alimentos, acceso a agua potable, temperatura ambiente habitable y cadenas alimentarias marinas.
Para terminar su mensaje, el ambientalista reconoció la imposibilidad de volver al clima estable y benigno que nos permitió florecer durante los últimos 10 mil años. No obstante, concluyó destacando la oportunidad de actuar lo suficientemente rápido para alcanzar un nuevo periodo de estabilidad que otorgue un valor a la naturaleza que va mucho más allá del dinero.
Queda claro que para David Attenborough, así como para muchos otros, la COP26 puede ser nuestra última gran oportunidad. Tal valoración representa un revulsivo para actuar con sentido de pertinencia tanto en la esfera doméstica como en el escenario internacional. Afortunadamente así lo han entendido países tan importantes como China y Estados Unidos.
Al respecto, vale la pena recordar que en septiembre de 2020 China anunció que trabajará para alcanzar la neutralidad de carbono en 2060, con un pico máximo de emisiones antes de 2030. En aras de lograr este objetivo, el país asiático triplicará su capacidad de generación eléctrica con energías renovables, aumentará el porcentaje de combustibles limpios en su matriz energética y reducirá las emisiones contaminantes por unidad del PIB en más de 65% con relación al 2005.
En el mismo sentido, Estados Unidos terminó el 2020 instrumentando un ambicioso plan para recuperar el liderazgo mundial en materia ambiental. Después de cuatro años perdidos en lo que se refiere a la lucha contra el cambio climático, la Unión Americana regresó al Acuerdo de París y continúa avanzando en la implementación de una serie de acciones para lograr que su economía alcance la neutralidad de carbono al 2050.
Las acciones que llevan a cabo las dos principales economías en el mundo han inyectado un nuevo dinamismo en la conversación global sobre el cambio climático. En este proceso, la Unión Europea también participa decididamente con el Pacto Verde Europeo, una estrategia que busca que el viejo continente alcance la neutralidad de carbono al 2050.
Y mientras cada día son más las voces en el concierto internacional que hablan y actúan para afrontar la crisis climática, nuestro país parece atado de manos. Ejemplo de ello lo encontramos en la reciente participación que el canciller Marcelo Ebrard tuvo durante el debate de alto nivel del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas sobre clima y seguridad. En una intervención parca y fría, muy diferente a la entusiasta participación del secretario de Estado estadounidense John Kerry, el representante mexicano poco pudo ofrecer a la comunidad internacional.
Más allá de la reafirmación del compromiso para combatir el cambio climático, lo que se apreció del discurso del canciller fue el margen tan estrecho en el que se mueve el gobierno mexicano en materia de relaciones internacionales. Queda claro que las políticas que se instrumentan en el país, particularmente la energética, resultan en una camisa de fuerza que limita la participación de México en la construcción de un futuro sostenible.
Es una lástima que esto suceda. Sobre todo si tomamos en cuenta que, en el camino hacia Glasgow, otros países aprovechan la oportunidad para fortalecer su posición en la esfera internacional. Una oportunidad, por cierto, que le correspondía a nuestro país si tomamos en cuenta la larga tradición diplomática que acredita el compromiso mexicano con las instituciones multilaterales.
Por Arturo Carranza Guereca
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