El concepto “cero emisiones” ha dejado de ser un término incomprensible o desdeñable para formar parte elemental del vocabulario cotidiano. Hoy en día los compromisos para alcanzar cero emisiones forman parte de los discursos de las autoridades, de las estrategias corporativas, del portafolio de negocios de los inversionistas, así como de mujeres y hombres que están verdaderamente convencidos de la necesidad de actuar de manera decidida para afrontar la crisis climática.
Tras poco más de cinco años de haberse firmado el Acuerdo de París, el 19% de los países y de las empresas en el mundo tienen una meta de cero emisiones. Los compromisos, tanto de gobiernos como de corporaciones, cubren al menos el 61% de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), el 68% del PIB mundial y el 56% de la población mundial (Taking stock: A global assessment of net zero targets, Energy and Climate Intelligence Unit).
Mantener el incremento de las temperaturas del planeta cerca de la meta de 1.5° centígrados implica alcanzar las cero emisiones para mitad del siglo. En función de ello, cada una de las adhesiones alrededor de esta meta, ya sea de países o de empresas, resulta alentadora toda vez que representan un paso en la dirección climática correcta.
Si bien las metas climáticas a largo plazo son parte esencial de la ecuación, la acción inmediata es fundamental para lograr que el objetivo, vinculado con la reducción de las temperaturas del planeta, sea alcanzable. En este aspecto, la elaboración e instrumentación de políticas públicas creíbles de cero emisiones, con objetivos de corto y mediano plazos, se vuelve una obligación para reducir las emisiones. Estas políticas públicas son útiles, también, para generar empleos sostenibles y prosperidad a través de un lenguaje lateral cuyos destinatarios son las empresas y los inversionistas.
A pocas semanas de que inicie la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26) en Glasgow, Reino Unido, la atención se centra en lo que los gobiernos han establecido en sus Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (CDN), documentos oficiales que contienen los compromisos asumidos por cada país para la reducción de las emisiones de GEI y la adaptación al cambio climático.
No está de más mencionar que un foco de atención adicional en torno a la COP26 está en los compromisos corporativos. Este interés se centra en la información que las empresas pueden proporcionar para acreditar su compromiso con respecto a la lucha climática. La existencia de planes de negocio concretos, con esquemas de evaluación y con la claridad sobre los alcances de las actividades y las emisiones cubiertas, son parte de la información que puede permitirle a las empresas obtener credibilidad con relación al objetivo cero emisiones.
En lo que atañe a México, resulta pertinente reconocer que el país ha desempeñado, al menos en tiempos pasados, un papel destacado en la agenda climática internacional. En 1988 aprobó la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente. Posteriormente, en 2012, aprobó la Ley General de Cambio Climático, en la que se establecen disposiciones para enfrentar los efectos adversos del cambio climático y las acciones para la adaptación y la mitigación de sus efectos. Esta ley, por cierto, representa el marco institucional en materia de cambio climático para el cumplimiento de la CDN.
A este respecto, en diciembre de 2020 el gobierno de México presentó la actualización de su CDN. De acuerdo con esta versión, el país se ha comprometido de manera no condicionada a reducir sus emisiones de GEI en un 22% y las de carbono negro en un 51% al 2030 con respecto a la línea base construida en un escenario tendencial estimado para el 2013. En complemento, según la CDN, los compromisos condicionados permitirían incrementar la mitigación de emisiones, alcanzando una meta de reducción de hasta el 36% de las emisiones de GEI y 70% de las emisiones de carbono negro al 2030 con relación al escenario tendencial.
No cabe duda de que la responsabilidad de México en términos de los compromisos adquiridos en materia climática es relevante. Por ello, sería un acierto que aprovecháramos la conciencia ambiental, cada vez más arraigada en el imaginario colectivo, para acelerar la reducción de emisiones de GEI en sectores clave como el energético. Desde una postura prudente y pragmática, la propuesta es apostarle, como lo señala la CDN, al uso eficiente de la energía en todos los sectores.
Por Arturo Carranza Guereca
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