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Columna

AEROPUERTOS DESARTICULADOS

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Durante años hemos visto cómo el gobierno federal destina millones de pesos para administrar y mantener el grupo de aeropuertos bajo la batuta de Aeropuertos y Servicios Auxiliares (ASA). Las 23 terminales aéreas con que desde 2001 se quedó el gobierno federal son prácticamente las menos rentables del país.

ASA llega a los 15 años de estar manteniendo con vida a aeropuertos como Campeche, Cd. Del Carmen, Cd. Obregón, Cd. Victoria, Chetumal, Colima, Guaymas, Loreto, Matamoros, Nogales, Nuevo Laredo, Poza Rica, Puebla, Puerto Escondido, Tamuin, Tehuacán, Tepic y Uruapan.

Pero también mantiene una participación accionaria en sociedad mercantil en aeropuertos como Tuxtla Gutiérrez, Cuernavaca, Querétaro, Toluca y Palenque donde, del conjunto de aquel grupo de 61 terminales que construyó y administró desde 1965, desde su constitución como organismo público descentralizado, sobresalen como los menos deficitarios.

Recordemos que los más rentables y con ganancias atractivas, fueron desincorporados de ASA para concesionarlos a grupos privados en 4 bloques: Grupos Aeroportuarios del Sureste, del Pacífico, Centro-Norte y Aeropuerto de la Cd. De México.

Aunque éste último, el más importante del país, se conforma por una sola terminal, nunca fue concesionado de facto a un grupo privado, sino que se constituyó una sociedad que es la que actualmente administra el actual aeropuerto así como la construcción del nuevo en Texcoco.
¿De qué vive un aeropuerto? Prácticamente de lo que obtiene de la renta de Espacios comerciales en las terminales (tanto para negocios como aerolíneas) en un 10%; otro 10% por servicios auxiliares y aeronáuticos (radares, pistas, túneles de conexión al edificio, etc); otro 30% de la venta y suministro de combustible (turbosina y gasavión) y 50% de la Tarifa de Uso Aeroportuario (TUA)

Esos recursos no alcanzan puesto que por el bajo aforo de estas terminales (salvo la de la Ciudad de México) hacen imposible obtener mayores ingresos y utilidades. La falta de visión para convertirlos en unidades reales de negocios que han tenido sus directores generales por ser funcionarios, burócratas sectoriales, incluso abogados o pilotos, han hecho que estas terminales continúen como negocios con pérdidas. El erario público debe aportar anualmente un presupuesto mayor al que registran en caja.

Hasta los años 90, del Aeropuerto capitalino obtenían recursos (una especie de subsidios cruzados) para mantenerse a flote. Algunos sin demanda del mercado, otros hechos por capricho (como el de Colima), otros fueron cercados por basureros municipales, los demás, desatendidos en cuanto a generar mayor demanda.

Tan inútil o inocua como la campaña aquella de la Comisión Federal de Electricidad de que para ahorrar un poco (de energía) aconsejaban apagar un foco o la de SECTUR: “Visita México”, los aeropuertos de ASA comenzaron a sufrir estragos, y así tuvieron que cerrar como fue el caso de Palenque en Chiapas, destino formidable que ahora fue relanzado o “inaugurado” como oficialmente se anunció , aunque ya existía desde hace décadas.

¿Cómo es posible que un aeropuerto con ese potencial hubiese cerrado? Pues sí, sucedió. La Secretaría de Turismo se conformaba con el crecimiento de aeropuertos como Cancún, Los Cabos, mientras Acapulco por ejemplo caía cuesta abajo en su rodada, otrora uno de los destinos principales del país.

Son 23 aeropuertos desarticulados, ellos le llaman pomposamente “Red ASA”, cuando ni es red, ni se complementan, ni funcionan estratégicamente. Como tampoco están integrados los miembros del Consejo de Administración del mismo ASA, donde podemos observar que tienen asientos tanto los Secretario(a)s de Gobernación, de Turismo, Relaciones Exteriores, Hacienda y Crédito Público, Agricultura, Salud, etc. etc.

Porque digo que no están integrados? Precisamente porque no hay un plan maestro que detone el crecimiento de esas terminales y esos destinos. Aunque ello sea funda mental para el desarrollo regional y del país.

Tuxtla Gutiérrez, Cuernavaca, Querétaro, Toluca y Palenque han sido atractivos para el sector privado, aunque siguen en la tablita por el escaso margen operativo que les permitiría obtener mayores recursos, si no que le pregunten a los de Toluca cuando después de haber realizado algunas inversiones dos de sus principales clientes (Interjet y Volaris) decidieron mudar sus operaciones a la Ciudad de México, cayéndose con ello el aforo de viajeros y con ello sus proyecciones de ingresos.

¿Que se puede hacer? Aún están a tiempo de enderezar el camino. Mientras el Aeropuerto capitalino anuncia crecimientos mayores a 12% en cuanto al número de pasajeros movilizados, estos aeropuertos de ASA tiene n apenas un 4.2% de crecimiento. Hay casos excepcionales como el de Tepic, Chetumal o incluso Cd Victoria, donde por las elecciones estatales y la transición en el gobierno, se dio mayor movilización de personas. Pero esto es casual, no es cíclico o producto de los “estándares de calidad”.

Hay aeropuertos con un gran potencial como Puebla y Loreto. El primero ya alguna vez fue concesionado a dos grupos empresariales que transaron sus acciones (de transacción, no necesariamente sean malpensados) a terceras personas (no, tampoco como lo hiciera presuntamente conocido gobernador hoy en fuga)

Los aeropuertos son puntos neurálgicos, polos de desarrollo. Mientras no lo vean así las autoridades estarán condenadas a los mismos escenarios de mediocridad, mientras requieren de más y más recursos que seguro se distraen de otros programas sociales más apremiantes.

Fortuna y Poder

Marco Mares
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