El ransomware aumentó 38% en México durante el último año, en medio de un incremento de los ciberataques que ha desafiado la seguridad de las organizaciones y provocado pérdidas millonarias.
En este escenario, el reto para las empresas ya no se limita a detectar una alerta y clasificarla, sino que requiere operar como un sistema en el que cada señal modifique automáticamente las prioridades de protección.
La necesidad de responder en tiempo real cobra mayor relevancia porque la inteligencia artificial está reduciendo el margen entre el descubrimiento de una vulnerabilidad y su explotación.
“Lo que antes tomaba meses, hoy sucede en días u horas. La IA permite mapear relaciones entre vulnerabilidades en minutos y construir rutas de ataque que antes requerían semanas”, señala el Cybersecurity Manager para North Latin America en EPAM.
Las tecnologías de ciberseguridad pueden conectar vulnerabilidades aparentemente menores y convertirlas en rutas completas de ataque, por lo que una brecha pequeña en un sistema aislado puede abrir el acceso a procesos críticos.
El impacto de una intrusión ya no se limita a un archivo comprometido, debido a que puede detener operaciones, bloquear cadenas de suministro y generar costos inmediatos para las organizaciones.
Un enfoque preventivo exige incorporar la reparación automatizada a los sistemas de monitoreo, con el propósito de anticipar los movimientos de los atacantes y reducir el periodo de exposición.
Las organizaciones líderes trabajan con la premisa de recuperarse en menos de 24 horas, para evitar que una falla aislada se transforme en una crisis.
Además, ante regulaciones regionales más estrictas sobre la responsabilidad por las brechas de datos, las empresas deben reorganizar sus estrategias de protección digital para reparar las fallas a la misma velocidad con la que la tecnología las descubre.





