El cambio climático plantea amenazas cada vez mayores para la humanidad. Los tiempos actuales ofrecen un crudo testimonio de las altas temperaturas del planeta, del incremento en los niveles de los océanos, de la frecuencia con que se presentan los desastres naturales y del alarmante aumento de los niveles de gases de efecto invernadero (GEI). Lo que está en juego no podría ser más importante. Así lo advierten los reportes que agencias y organismos internacionales presentan en la actualidad. A pesar de que hoy algunos jefes de Estado todavía acusan cierta desorientación al momento de abordar el problema, la mayoría de los líderes en el mundo está haciendo del combate al cambio climático una prioridad de gobierno. Ejemplo de ello es el acuerdo alcanzado en días recientes por los países que integran la Unión Europea, quienes acordaron elevar del 40 al 55% la reducción de emisiones de GEI en 2030 con respecto a los niveles de 1990. Para alcanzar esta meta, el Consejo Europeo evaluará la manera en que todos los sectores económicos que integran esta comunidad de 27 países pueden contribuir al objetivo de 2030, teniendo en cuenta cada uno de los planes nacionales de energía. Esto último es importante si consideramos que el consumo de combustibles de origen fósil representa el 56% de las emisiones mundiales de GEI de origen antropogénico. El reto para reducir las emisiones de GEI en el sector energético, no sólo en Europa sino en todo el mundo, se antoja formidable. Para materializarlo, según la Agencia Internacional de Energía, se requiere una estrategia con diferentes alcances. Si bien la producción de energía con fuentes renovables es la punta de lanza, existen áreas de oportunidad importantes en sectores como el acero y el cemento. Por ello, la estrategia debe incluir un enfoque amplio e incesante que involucre el fomento de fuentes renovables, la utilización cada vez mayor de hidrógeno de bajo carbono y, desde luego, la eficiencia energética. En cuanto a México, es necesario que las autoridades energéticas, además de tomar nota sobre lo que se está haciendo en otras partes del mundo para frenar el cambio climático, actúen con sentido de oportunidad para transformar el sistema de energía. Esto significa que la lógica de rescatar al sector energético, planteado como el principal objetivo del gobierno actual, incorpore medidas que reduzcan el uso de combustibles fósiles y que aceleren la transición energética. En las condiciones actuales, el fortalecimiento de las empresas públicas de energía, aunque entendible y necesario, puede resultar en un contrasentido de cara a la lucha mundial contra el cambio climático. Al menos así lo sugiere el Climatescope 2020 de BloombergNEF. Este reporte, que evalúa la capacidad de las economías emergentes para atraer capital relacionado con fuentes de energía bajas en carbono, señala que el apoyo a las energías renovables en el país se ha estancado y afirma que las decisiones que se han tomado en los últimos dos años han afectado los ánimos en la industria verde. Como parte de una comunidad internacional que enfrenta un problema terriblemente serio como es el cambio climático, México debe tomar medidas inteligentes para reducir las emisiones de GEI que se generan en el país a partir de la búsqueda del desarrollo económico. En este sentido, las energías renovables, si bien no son el remedio, pueden ayudar a romper esa nociva relación entre desarrollo económico y deterioro ambiental. Hay que recordar que su uso economiza costos en comparación con las energías no renovables, ayuda a conseguir un acceso más eficiente a la energía y contribuye a un suministro energético más seguro. A final de cuentas, parecería que no hay vuelta de hoja. Afortunadamente, aún tenemos tiempo. Arturo Carranza Guereca  Sígueme en Twitter:  @Art_Carranza