Lecciones electorales • PRD: la llave que abriría Los Pinos • La izquierda unida arrasaría en el 2018 La volatilidad que observamos entre el jueves 1 de junio y la noche del domingo 4 de junio, provocada por el proceso electoral en el Estado de México —donde el peso mexicano primero perdió cincuenta centavos y después recuperó treinta centavos en menos de una hora— demuestra la fragilidad de la moneda mexicana y los fuertes vaivenes que enfrentará en los próximos meses, conforme se acerque la elección presidencial. Nunca antes en la historia de México había quedado tan claro que si la izquierda se une —es decir, Morena y el PRD van en alianza— se convierta en la mayor fuerza política y podría llegar a la Presidencia de México con una amplia diferencia de votos. El anuncio de esta alianza muy probablemente llevaría a la moneda mexicana por encima de 20 pesos por dólar meses antes de que se celebren las elecciones incluso. Qué aprendimos La baja calificación que ha dado la población al gobierno de Enrique Peña Nieto hace de cualquier proceso electoral un referéndum no oficial sobre su mandato. Sin embargo, en los últimos años el PRI ha perdido los principales estados de la República, principalmente por los enormes actos de corrupción de sus gobernadores. A partir del triunfo del PAN en el año 2000, el PRI, que mantuvo el control del Congreso, llevó a cabo una se rie de medidas para promover la descentralización del gasto federal para que sus gobernadores tuvieran acceso a una mayor cantidad de recursos, casi sin control alguno por parte de la Federación, situación que aprovecharon ampliamente los gobernadores priístas, tanto para apuntalar la campaña presidencial de Enrique Peña Nieto en el 2012, como para enriquecerse. Sin embargo, el hartazgo popular ha sido de tal magnitud que el PRI en el presente sexenio dejó de gobernar Nuevo León, Veracruz, Guerrero, Quintana Roo, y en Jalisco debe cuidarse mucho, porque la oposición está encima. Como no gobierna Ciudad de México, al PRI sólo le quedan entre los grandes estados —que por el tamaño de su población reciben una gran cantidad de recursos— Jalisco, Oaxaca y el Estado de México, que estaba en juego el pasado domingo 4 de junio. No exageramos si decimos que si el PRI hubiera perdido el Estado de México era muy probable que jamás hubiera podido regresar a Los Pinos, ya que se quedaría sin recursos federales y sin una gran cantidad de puestos burocráticos estatales que le permiten acomodar a sus integrantes cuando no tienen el Gobierno Federal. La única razón por la que en México no se ha aprobado la segunda vuelta electoral es porque el PRI no lo ha permitido en el Congreso, ya que sabe quesus “votos negativos”—es decir quienes votan a favor de otro candidato, con tal de no votar por el PRI— son tantos que jamás podría vencer a un contrincante en una elección donde sólo estuviera el PRI y otro candidato. Mientras el PRI tenga el 35% del Congreso, los demás partidos no podrán modificar la Constitución y, en consecuencia, no podrá aprobarse la segunda vuelta en México. En consecuencia, con el sólo hecho de haber mantenido el Estado de México el PRI tuvo una gran victoria el pasado 4 de junio, ya que en caso de perder la Presidencia en el 2018 podrá refugiarse e incluso recuperarse y volver a ser competitivo dentro de seis o doce años, como pasó en el 2000, siempre y cuando mantenga la gubernatura del Estado de México en el 2023. López Obrador ganó mucha presencia en medios durante la campaña y demostró que, en efecto, es un aspirante muy importante para contender en el 2018. Hasta el momento ha entendido que si no llama a la protesta violenta o toma de calles, la población podría verlo como una persona moderada, que ha cambiado respecto a lo que vimos cuando perdió en el 2006 y tomó Avenida Reforma. Pero sobre todo, los militantes de la izquierda en México y muchas personas apartidistas hoy saben que si la izquierda se une, arrasan en el 2018, lo que genera expectación en México y el mundo, así como en los mercados financieros globales. El PRD con la candidatura de Juan Zepeda ganó notoriedad, logró independizarse de la figura caudillesca de López Obrador, pero sobre todo ganó confianza en sí mismo al demostrar a propios y extraños que es capaz de sobrevivir al abandono de López Obrador y presentar candidatos nuevos, con una imagen fresca al público elector joven, que definirá diversos procesos electorales en los próximos años al ser el grupo más grande de electores. Sin embargo, esa renovada fuerza del PRD y la división de los otros 3 partidos le dan al PRD la fuerza para ser la llave que abrirá Los Pinos en el 2018. Con la información que hoy tenemos, todo hace suponer que el partido que logre convencer al PRD de una alianza será el que gane la Presidencia el próximo año, ya que los votos del PRD definirían la balanza hacia un lado u otro, salvo que se uniera con el PRI, donde la mancha de la corrupción es enorme y taparía la renovada frescura. Si el PRD decidiera aliarse con Morena muy probablemente arrasarían en la contienda electoral. Sin embargo, es muy probable que además de puestos importantes en el gabinete de López Obrador, pida la candidatura deCiudad de México y las Delegaciones que la conforman. Aunque parece una decisión sencilla para López Obrador —entregar Ciudad de México y algunas Secretarías de Estado a cambio del apoyo del PRD a nivel nacional y con ello tener amplias posibilidades de ganarla Presidencia de la República—, Morena todavía no gobierna un solo estado que le permita, en caso de perder la Presidencia en el 2018, pasar de ser un partido unipersonal al servicio de López Obrador, a ser un partido que trascienda una sola figura, en torno a la cual hoy se mueve y respira. Ricardo Anaya, por su parte, durante el proceso electoral del Estado de México aprovechó el desdén y ultimatúms de López Obrador hacia el PRD y se acercó a dicho partido. Anaya sabía que perdería el Estado de México y que ese fracaso le daría fuerza a Margarita Zavala, pero al mismo tiempo sabe que el PRD puede ir en alianza con el PAN, siempre y cuando Margarita Zavala no sea la candidata, a la que jamás apoyará el PRD. En el Estado de México no es que los militantes panistas no hayan salido a votar, lo que vimos es que muchos de ellos, conscientes de que Josefina Vázquez Mota no ganaría, y preocupados por un gobierno de Morena, prefirieron votar por el PRI y alejar de la gubernatura a Morena, lo que demuestra que, al igual que el PRI, Morena, pero sobre todo López Obrador, tiene muchos votos negativos en su contra. El PAN es el partido que gobierna más estados de la República en este momento. Puebla y Veracruz son entidades con un amplio padrón electoral y, por ende, reciben una gran cantidad de recursos y de curules en el Congreso, y cada estado, por pequeño que sea, tiene 4 asientos en el Senado. Si el PAN sabe aprovechar a su favor los negativos del PRI y los de López Obrador, al no tener tantos votos negativos puede armar una candidatura presidencial que se convierta en el competidor de López Obrador y que aproveche el voto útil del PRI , como ocurrió en el 2006. Todos los procesos electorales anteriores nos hacen suponer que la elección presidencial del 2018 nuevamente se definirá entre dos candidatos. Con la información actual, López Obrador será quien más votos recibirían para presidente el próximo año, lo que preocupa mucho a los mercados, ya que ha prometido echar para atrás la reforma energética, que está atrayendo infinidad de inversiones y ha prometido una serie de medidas populistas,sin sustento fiscal, además de que recibirá una economía sostenida con alfileres, sin margen de maniobra para poder llevar a cabo sus propuestas.