La palabra es: confianza… Del 6 de abril al 30 de mayo los capitales extranjeros vendieron 15,000mdd de sus posiciones en pesos. No sabemos cuántos dólares han sacado los capitales mexicanos en el mismo periodo, pero en el primer trimestre (1T18) los grandes corporativos siguieron cambiando su deuda de dólares a pesos, esperando una devaluación próxima. El problema esla incertidumbre y la falta de confianza. Entre julio y diciembre de 1994 hubo varias reuniones entre el equipo del entonces presidente electo, Ernesto Zedillo, y el saliente Carlos Salinas de Gortari. En el primer círculo había consenso sobre la necesidad de devaluar al peso frente al dólar, considerando que las reservas de Banxico estaban en 20,000 mdd y había que pagar Tesobonos y no había dinero suficiente para ello. Sin embargo, Carlos Salinas de Gortari, que controlaba Banxico, dijo: “Presidente que devalúa, se devalúa”, recordando cómo la historia económica reciente había tratado a Luis Echeverría y José López Portillo al devaluar el peso. Pedro Aspe Armella se ofreció para ser el secretario de Hacienda de Ernesto Zedillo y convencer a los tenedores de Tesobonos para que aceptaran una nueva emisión ampliada y evitar el pánico generalizado, además de empezar una devaluación “controlada” del peso, elevando el techo cambiario que había impuesto con anterioridad el gobierno de Carlos Salinas de Gortari y así ya no vender reservas de Banxico. Ernesto Zedillo no aceptó la propuesta y designó como secretario de Hacienda a Jaime Serra Puche, quien había negociado el TLCAN y, en consecuencia, era conocido en Washington, aunque no tanto en Wall Street, ya que en ese momento en México y EU muchos desconfiaban de las virtudes del TLCAN, y muchos decían en EU que Serra Puche y Salinas de Gortari eran hábiles negociadores, pero algo podrían esconder bajo el brazo. Hacia el 20 de diciembre, los tenedores de Tesobonos empezaron a vender sus posiciones por pésimas declaraciones sobre la fuerza del EZLN, y Zedillo no tuvo más opción que liberar el techo cambiario de Banxico, una vez que las reservas casi se agotaron. Le aceptó su renuncia a Serra Puche, designó a Guillermo Ortiz como nuevo secretario de Hacienda, quien había sido subsecretario de Hacienda con Pedro Aspe y conocía a los dueños de los Tesobonos. Zedillo pidió prestado a Clinton y con ello las reservas de Banxico se recuperaron y regresó la confianza. Para 1996, la “Crisis Tequila” era cosa del pasado, México volvía a crecer, pero la inflación tardaría 7 años en regresar por debajo de 10% anual y el Grado de Inversión, 15 años en recuperarse por parte de las Calificadoras. El momento actual Si bien desde el principio de las precampañas López Obrador lideraba las encuestas, había cierta confianza de que al conocerse a sus contendientes, llevar a cabo el primer debate y empezar a trabajarlas maquinarias electorales del PRI y PAN, se estancaría en 20 – 24%, lo que sería una cantidad interesante de votos, pero no suficiente para ser presidente. Del 6 de abril al 30 de mayo hubo dos debates y López Obrador, en lugar de caerse en las encuestas, siguió subiendo. Los actos multitudinarios estatales no son del PRI o del PAN, sino de López Obrador, quien incluso en algunas encuestas va adelante en por lo menos en 20 estados del país, cuando se suponía que su fuerza estaba concentrada sólo 6 u 8. La maquinaria electoral del PRI se atascó, de tal suerte que hubo que cambiar al presidente del partido a la mitad de la campaña y a su publicista, ya que su arranque no conectaba con las personas. Todavía peor: los votos anti PRI, según las encuestas, son mayores a los votos anti AMLO, algo impensable hace 12 meses. ¿También el Congreso? Hace 2 meses, mientras se hacían escenarios, nadie pensaba —tal vez ni siquiera los más fervientes seguidores de López Obrador— que AMLO podrían tener mayoría simple o incluso calificada en el Congreso, lo que le abriría la puerta para proponer cambios constitucionales desde el primer día de su mandato. Hoy, con más del 42% de la votación presidencial a su favor y más de 15 estados liderándola, es muy probable que López Obrador y su coalición de partidos obtengan mayoría simple, e incluso mayoría calificada de dos terceras partes en el Congreso, ya que, además, es altamente probable que las curules que gane el PRD y algunas del PRI terminen saliéndose de sus partidos y se afilien a Morena. Si López Obrador tiene mayoría calificada en el Congreso y el apoyo de 16 Congresos estatales, puede modificar la Constitución a su gusto: desde frenar la reforma energética, echar para atrás la educativa, modificar los topes de endeudamiento público, nacionalizas las Afores para prometer una mejor pensión, hasta llevar a cabo su cuarta transformación nacional, como tantas veces ha dicho, incluyendo la proclamación de su “Constitución Moral” de la que antes hablaba, con una Corte de Justicia por encima de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Hacia 2021 podrá cambiar al gobernador de Banxico o incluir artículos que hagan del gobernador del Organismo una persona a su servicio, como el secretario de Hacienda en turno, a quien puede despedir en el momento que lo desee. A pesar de los múltiples viajes que sus asesores económicos han hecho a EU, los capitales extranjeros siguen saliendo del país. Al 30 de mayo, los extranjeros tienen papeles de deuda mexicanos por 103,772 mdd, una cifra muy por debajo de los 140,000 mdd del 2014, cuando el petróleo superaba los 100 dólares por barril, pero sobre todo, 14,000 mdd debajo de la registrada el pasado 6 de abril, cuando estaba en 117,507 mdd. Por cada 7,000 mdd que se venden, el peso cae en 1.00 peso. Si sale el 20% al triunfo de López Obrador, estamos hablando de otros 20,000 mdd, lo que significa 3.00 pesos en el tipo de cambio peso-dólar. ¿Puede Urzúa con Hacienda? Jaime Serra Puche es un buen economista y un gran negociador, pero no pudo generar confianza entre los inversionistas extranjeros cuando México estaba en aprietos. No supo explicar que la parte política nada tiene que ver con los compromisos de pago, lo que será muy difícil de lograr para el académico de 63 años, Carlos Urzúa Carlos Urzúa, quien estudió matemáticas y tiene una maestría y doctorado en Economía por la Universidad de Wisconsin, sólo tiene experiencia en el sector público como secretario de Finanzas en el gobierno de López Obrador del 2000 al 2003. Tenía que negociar el Presupuesto con un Congreso a modo, jamás tuvo que ver a tenedores de Bonos, porque la deuda pública del entonces DF estaba supeditada a la del Gobierno Federal, que la garantizaba plenamente. Carlos Urzúa tuvo grandes excedentes tributarios derivado de altos precios del petróleo, lo que ahora no sucederá. La salida de capitales del país y la no intervención de los extranjeros en la FIBRA E que lanzó el gobierno para captar recursos para el Nuevo Aeropuerto, hablan de un elevado escepticismo sobre lo que esperan pueda llevar a cabo, pero sobre todo que el consejo económico de un académico no pesará en las decisiones de López Obrador. Si vemos lo hecho en la Ciudad de México, el legado de los segundos pisos es totalmente incongruente, ya que promueve el uso del auto, prioriza una solución para unos pocos, se financió desviando recursos que eran para otros proyectos y la información financiera se ocultó en la mayor opacidad posible. El otro gran legado social es la creación de la Pensión para Personas de la Tercera Edad, sin fundamento tributario alguno. Hay que gastar en lo que López Obrador ordenó y no importa el hueco fiscal que ello genere en el futuro de las finanzas públicas de la Ciudad.