México: Un buen primer semestre, pero no hay que entusiasmarse. Un buen primer semestre, pero no hay que entusiasmarse Durante la primera mitad de este año, la actividad económica tuvo mejores resultados que los esperados a finales del año pasado, cuando Donald Trump ganó la presidencia de Estados Unidos. La economía creció 2.8% interanual durante la primera mitad de 2017, utilizando datos ajustados por efectos calendario. El crecimiento sorprendió al alza durante el segundo trimestre de 2017 al ser 2.4% trimestral anualizado, de nuevo con datos ajustados, mucho mejor que el 0.8% esperado por el consenso. Dado el sorpresivo crecimiento en el 2017, incrementamos nuestra previsión para el crecimiento del  PIB de 1.8% a un 2.1%. Mantenemos nuestro pronóstico del crecimiento del PIB para 2018 en 1.3%. Sin embargo, es importante mencionar que nuestras predicciones aún incluyen una desaceleración en la actividad económica a pesar del buen estado económico actual. Desde nuestra perspectiva, la economía ha tenido un mejor desempeño de lo esperado por tres razones correlacionadas. La primera es la mejora de las exportaciones, la cual se debió a un fuerte comercio global  y por la depreciación del tipo de cambio real. La segunda razón tiene que ver con la laxitud de las políticas monetarias y fiscales hasta el año pasado, lo que estimuló a la economía. La tercera es la no implementación de políticas en Estados Unidos que pudieran afectar a México negativamente. Pero estos tres factores ya han cambiado o están por hacerlo, lo cual respalda nuestras expectativas de desaceleración en las actividades económicas. Las políticas fiscales y monetarias rígidas desacelerarán a la economía En los últimos años, México ha tenido políticas fiscales y monetarias laxas, creemos que éstas han sido dos de las causas del buen desempeño de la economía actual. Por ejemplo, en el 2015, y durante gran parte de 2016, el balance fiscal primario estaba en déficit y la tasa de interés interbancaria real era negativa. La laxitud de dichas políticas fue en parte lo que apoyó la depreciación del tipo de cambio real y del tipo de cambio nominal, lo cual culminó con el peso mexicano a $22 pesos por dólar en enero de este año. Además de la depreciación, también existía miedo a que las políticas americanas pudieran ser desastrosas para México. La depreciación del tipo de cambio real ha sido un gran amortiguador para la economía mexicana, hasta el punto de ayudar a los servicios a continuar creciendo más de un 3%, a pesar de la falta de confianza de los consumidores y de las empresas durante el cambio de año. Esto también ha ayudado a las exportaciones y la inversión extranjera. Pero nada es gratis en esta vida; parte de la gran depreciación se ha ido a la inflación, la cual está dos veces por encima del objetivo del banco central. Mientras el riesgo de las malas políticas americanas ha bajado, también ha bajado la necesidad de un tipo de cambio real excesivamente depreciado. En este contexto, el banco central tuvo que subir las tasas considerablemente para prevenir que el ajuste (re-alineación) del tipo de cambio real se diera a través de los precios. Las altas tasas de interés ya están desacelerando el crecimiento del crédito. Las políticas monetarias y fiscales mas apretadas han contribuido a la gran apreciación del peso mexicano durante este año. La política fiscal se ha endurecido, lo cual puede dificultar el crecimiento de la economía, aunque puede que el impacto negativo a corto plazo no sea muy grande. La consolidación ha estado basada en ingresos mayores a los esperados (por la transferencia de Banxico y por la mayor recaudación debido a actividad económica mejor a la esperado) y no en mayores tasas impositivas o en una reducción de gasto importante. Y en todo caso, los recortes al gasto han sido principalmente en gastos de capital, lo cual tendría un impacto negativo más grande en el crecimiento a largo y mediano plazo, que en el coto plazo. La incertidumbre incrementará durante las renegociaciones del TLCAN y las elecciones federales de 2018 El pasado 17 de julio de 2017, Estados Unidos publicó un documento resumiendo sus 22 objetivos para la renegociación del TLCAN. Estos objetivos proponen actualizar el TLCAN; básicamente estos son muy parecidos a lo que fue acordado por los tres países en el Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica (TPP). Sin embargo, creemos que existen dos objetivos que podrían generar fricciones durante la renegociación. El primero es que Estados Unidos quiere mejorar su balanza comercial y reducir el déficit comercial con los países del TLCAN. Esto está dirigido a México, ya que la balanza comercial entre Estados Unidos y Canadá es muy pequeña. Estados Unidos explícitamente dijo que no quiere reducir el déficit imponiendo aranceles, lo cual es una buena noticia. Pero quizá quiera imponer restricciones cuantitativas, las cuales México no podrá aceptar fácilmente. El segundo objetivo que puede generar volatilidad, para México y Canadá, es la eliminación del mecanismo de mediación de controversias del capítulo 19. México y Canadá declararon que esto es inaceptable. Hasta ahora, Estados Unidos no ha propuesto un mecanismo alternativo. El secretario de comercio, Wilbur Ross, dijo que el mecanismo actual no ha ayudado a Estados Unidos. Se espera que las renegociaciones del TLCAN empiecen en Washington el 16 de agosto de este año. Los funcionarios del TLCAN esperan siete sesiones de pláticas con tres semanas de intervalo. El mercado cree que estas negociaciones serán rápidas y fluidas, con el resultado positivo de un TLCAN actualizado. Pero la lista de objetivos de Estados Unidos es larga. Nosotros creemos que las negociaciones van a tener sus fricciones, y que llevaran varios meses, incluso puede que se empalmen con las elecciones mexicanas federales del 2018 y  pueden llegar a empalmarse con las elecciones de medio término de Estados Unidos en noviembre del 2018. Coincidimos con que es muy probable que el resultado final sea un TLCAN actualizado, lo cual será positivo para toda la región.