Estamos a pocos días que se lleve a cabo lo que muchos han llamado el día “D” o la madre de todas las batallas. En un solo día, habrán de despejarse muchas incógnitas que hasta ahora han sido sombra sobre quienes encabezan al proyecto que es esperanza y orgullo para millones de mexicanos. Y es que entendamos una cosa, para muchos mexicanos en las ciudades y el campo, este proyecto significa una esperanza largamente anhelada. También es el sueño que los hace sentirse parte de algo más grande, algo más puro e indudablemente, mucho más valioso. Para una parte de este grupo de mexicanos, mucho más reducida, pero que recientemente se animaron a públicamente apoyar el proyecto, un triunfo significaría sentirse parte del primer mundo. Atrás quedarían, por fin, las comparaciones con nuestros vecinos del norte y alcanzaríamos la felicidad de los mejores países europeos. Para estos compatriotas, quienes sienten como suya esta nueva oportunidad de alzarse con la victoria, perder significará no sólo un golpe en el ánimo, no no, en estas circunstancias sería la certeza de que todo está terminado. Con una derrota, millones de niños y jóvenes mexicanos se verían sentenciados a ser otra generación que admire lo que está fuera de México y no lo que tenemos y creamos aquí. Por otro lado, un descalabro más sería, tal vez, la gota que derrame el vaso y los mexicanos tomarían por fin conciencia para realmente involucrarse y poner bajo la lupa a los cuantiosos recursos que se usan. Por eso, se piensa que lo suceda ese domingo resonará en la historia inmediata de la nación entera. Sin embargo, todas estas dudas pudieron evitarse si los personajes que encabezan esta historia fueran disciplinados, se prepararan y tomaran en serio el reto que tienen frente a ellos. Lamentablemente no fue así, y hoy, todos nos preguntamos… ¿Y si pierde la selección?