Escribir sobre la tragedia humana, especialmente en esta época, resulta una tarea muy difícil pues son muchos los aspectos que deben considerarse para no caer en la tentación de simplificar los hechos.
Por Aarón Sánchez
Ningún humano es ilegal…
Escribir sobre la tragedia humana, especialmente en una época como la nuestra, resulta una tarea muy difícil pues son muchos los aspectos que deben considerarse para no caer en la tentación de simplificar los hechos.
Vamos por partes. Primero debemos aceptar que la sola existencia de la necesidad que hace huir de su país y caminar interminables kilómetros a lo largo de todo el continente a miles de hondureños es algo deleznable y nadie podría negarlo.
Tampoco, podemos pasar por alto que en el caminar de estas desafortunadas personas se han roto normas, violado fronteras y principalmente, se permiten abusos que para otros significarían cuando menos varios meses en una cárcel en cualquier país del mundo.
Estos son los extremos y entre ellos se desatan situaciones como lo sucedido en Tijuana, Baja California donde algunos de sus habitantes han tomado como su tarea, el expulsar, por la fuerza si es necesario, a los integrantes de la caravana migrante pues ven con la llegada de estos amenazada su calidad vida.
Y aquí es donde se pone complicado el analizar la situación si es que se desea tener una decisión informada sobre cómo actuar en el futuro.
Como país, como sociedad y como individuos; ¿Podemos reprobar la actitud de algunos de los habitantes de Tijuana? Más aun, ¿Debemos?
Una corriente de la sociedad mexicana y mundial se alarma y condena esta actitud pues, insiste en que debemos ser un país y una sociedad que tenga sus brazos abiertos para los desamparados de otros países. Sin embargo, no tienen acciones ni respuestas para sus compatriotas que por décadas han sido menos favorecidos.
Es así como entonces se vuelve políticamente incorrecto exigirle a nuestros “invitados hondureños” que respeten las normas que rigen nuestra convivencia e impensable, porque son desamparados, aplicarles la Ley cuando no lo hagan y con esto se gana el Ser humano.
Los integrantes del nuevo gobierno parecen querer continuar con esta forma de pensar, sin importar que, para ello, se deba pasar por encima de muchas normas que regulan nuestra convivencia.
Pensar de esta forma es lo que nos ha llevado a confundir y llamar “represión” a la aplicación de la Ley y “libertad de expresión” a violentar la paz pública.
Podemos ser un país que reciba a miles de migrantes, de desplazados y darles la protección que nuestras leyes nos brindan, y al mismo tiempo, exigir a quien esté de nuestro territorio se conduzca de manera adecuada.
Si el nuevo gobierno quiere una cuarta transformación, esperemos que apunten a una donde México sea un país en el que sus ciudadanos y visitantes respeten la Ley sin importar la condición social, económica, de raza o migratoria que se tenga.
Sólo así podremos escapar del falso dilema de ser humana o políticamente correctos…