Desde que inició la campaña por la Presidencia de la República, el tema del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAIM) ha sido uno que causa polémica y división entre varios sectores en el país. El Presidente Electo y su equipo de colaboradores hicieron varias declaraciones durante los últimos meses argumentando que su propuesta, un aeropuerto en la base aérea de Santa Lucía, era la más adecuada pues tenía muchas ventajas, económicas principalmente, sobre la que está en construcción en la zona de Texcoco. Al ver que los costos políticos, económicos y sociales de tomar una decisión caerán sobre ellos y sus planes para sus respectivas carreras políticas, desean someter todo a una consulta ciudadana. Lamentablemente, por una condición normal en la sociedad mexicana los argumentos técnicos, que deberían prevalecer en estos menesteres, han sido desplazados y sustituidos por mera retórica populista que nuevamente nos pone en una división casi irreconciliable. Hoy en día no se cuenta con un solo documento, plan o respaldo por parte del Grupo Riobóo, principal beneficiario de esta obra, que sustente por qué es mejor construir un segundo aeropuerto en la base aérea de Santa Lucia y sólo se limitan a decir “es más barato” y “con ese ahorro podemos ayudar a más personas”. Podemos decir que el Presidente Electo no quiere gastar mucho dinero pues dice que obras como el actual proyecto del NAIM son faraónicas que en nada ayudan a la población en general y que se puede tener lo mismo, pero más barato. Debemos preguntarnos, por ejemplo, ¿Cuánto cuesta un tren maya de clase mundial realmente? Porque el que construirá el Presidente López Obrador en Campeche, Chiapas, Yucatán y Quintana Roo costará alrededor de 150 mil millones de pesos, y eso que es el barato. La respuesta a esta pregunta es: cuatro veces el presupuesto aprobado para la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en 2018. ¿Acaso no sería mejor apostar esos 150 mil millones de pesos a la UNAM y no al tren maya? Mal hará el Presidente Andrés Manuel en comenzar su administración con contradicciones y dudas como las que se han demostrado en el tema del NAIM pues estaría abriendo el espacio a críticas y desgaste innecesarios. El problema para el futuro Presidente y su equipo es que siguen sin entender que, desde el próximo 1° de diciembre, para la población en general, si se mueven las hojas de los árboles, si un huracán o sismo dañan a una población, si los jóvenes no tienen dónde estudiar o 43 son desaparecidos, será ya su problema. Creo que sería conveniente entonces que, desde ahora, den una definición para el futuro del NAIM, cumpliendo lo que prometieron en campaña y con esto demostrarnos que están listos para fajarse los pantalones y gobernar.