El sismo que golpeó al centro del país puso a prueba la determinación y voluntad de la sociedad civil pues, con base en la historia, ésta sabía que había una alta posibilidad que el gobierno quedara rebasado por la emergencia. Un año ha transcurrido y muchos de quienes fueron afectados no han encontrado la forma de dejar atrás su lamentable situación. Apoyos y promesas no cumplidos son su triste realidad. Como siempre, una vez pasada la emergencia los ánimos se van desvaneciendo y es normal; por eso, y especialmente para eso, los gobiernos locales y federal deben ser presionados para mantenerse atentos de quienes siguen viviendo literalmente en la calle. Es cierto, mucho de la tragedia se debió a la corrupción en las construcciones, los permisos y requisitos necesarios para edificar condominios fueron relajados u omitidos completamente para maximizar ganancias en abierta colusión con las autoridades. También, en muchas de las edificaciones afectadas se ha demostrado que se utilizaron materiales de menor calidad a la que era necesaria. Todo eso se sabe desde hace mucho tiempo. Lo que no sabemos hoy es qué se está haciendo para que esto no vuelva a suceder, para que las personas afectadas sean rescatadas y que los culpables sean castigados. Esto se vuelve relevante porque estamos a pocos días de que cambien las autoridades del gobierno federal y en la Ciudad de México. ¿Acaso la próxima jefa de gobierno de la Ciudad de México ya tiene un plan para auditar todas las obras de construcción que existen?; propondrá al Congreso de la Ciudad nuevas medidas de seguridad que los constructores deberán cumplir. El Presidente electo y su futura secretaría de Gobernación tienen contemplado qué hacer con los afectados, su propuesta para Director de Protección Civil federal es alguien con probada experiencia o será otro perfil salido del círculo de confianza. Este tipo de nombramientos son importantes porque quien ocupe el cargo será el encargado de “transmitir” la noticia sobre una eventual emergencia. Una persona no capacitada o fácilmente corrompible puede minimizar intencionalmente los efectos devastadores de una situación, por proteger a aquellos con quienes está coludido, y con ello generar una bola de nieve que resulte en la falla total en la respuesta del gobierno ante los ciudadanos. Es cierto, López Obrador y su equipo junto con la futura jefa de gobierno aún no entran en funciones y también es verdad que no se puede predecir cuándo vendrá la siguiente sacudida por parte de la naturaleza. Lo que sí puede hacer el Presidente electo es prepararse, sacudirse todas las limitaciones normativas que hoy se tienen y tomar en consideración que 19 de septiembre hay cada año.