El filósofo político Michael Sandel sostuvo que el desafío de las sociedades contemporáneas no se limita a factores económicos o tecnológicos, sino que se ubica en una dimensión moral y cívica que atraviesa la vida pública.

Durante el panel “El cliente al centro: La gran prioridad de la banca en México“, que se realizó como parte de la 89 Convención Bancaria, defendió la idea de que la educación superior debe entenderse como un bien público.

Explicó que “la educación superior debería de ser un bien público y no nada más un privilegio privado”, al destacar la importancia de abrir el conocimiento y el debate a un público más amplio.

También resaltó la existencia de una necesidad social de diálogo colectivo al afirmar que “existe una gran hambre en las sociedades del mundo por razonar juntas en público acerca de preguntas cívicas y éticas que son importantes”.

En torno a la justicia, planteó que esta se relaciona con el trato igualitario entre las personas. En sus palabras, “tratar a la gente de manera justa y en sociedades democráticas es tratar a la gente como iguales con el mismo respeto y dignidad”.

Al referirse al sistema financiero, sostuvo que no es un actor neutral. Indicó que “la banca no es neutra” y que la asignación de recursos implica decisiones sobre “quién va a ser productivo”. En esa línea, afirmó que “el propósito máximo de las finanzas es servir al bien público”.

Sandel también cuestionó la creciente tendencia hacia actividades financieras alejadas de la economía real, al referirse a vehículos de inversión “que son únicamente especulativos y que están muy lejos de la economía real”.

Sobre la meritocracia, advirtió que su interpretación actual puede generar división social. Señaló que quienes ocupan posiciones altas suelen pensar que su éxito se debe únicamente a su mérito, mientras que quienes enfrentan dificultades “merecen ese destino también”, lo que contribuye a una división entre “los triunfadores y perdedores”.

Asimismo, destacó que las sociedades se están fragmentando, ya que “aquellos afluentes y con medios modestos cada vez viven más vidas separadas”, lo que debilita los espacios de convivencia compartida. Recordó que la democracia requiere que personas de distintos orígenes puedan encontrarse y compartir experiencias, lo que fortalece la cohesión social.

En cuanto a la tecnología, expresó preocupación por sus efectos en la percepción de la realidad y en las relaciones humanas.

Advirtió que “ya no podemos creer lo que vemos, aun cuando veamos un video en línea”, y cuestionó si las nuevas generaciones están perdiendo la capacidad de distinguir entre la conexión virtual y la conexión humana.

Sandel concluyó que, pese a las dificultades actuales, existe un elemento que abre la posibilidad de cambio. Señaló que tiene esperanza debido a que existe “hambre… de razonar juntos en público acerca de preguntas importantes”, lo que apunta a la necesidad de recuperar el diálogo cívico con respeto y civilidad.