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Carlos López Jones

REFINERÍAS DE PEMEX SE DEBEN VENDER

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La crisis petrolera deja a flote las ineficiencias de Pemex. El primer paso es el recorte de todas las actividades y gastos relacionados con pozos petroleros, cuyo costo de extracción supere los 25 dólares promedio por barril, pero en un segundo punto será necesario vender aquéllas unidades con bajo margen de utilidad como refinación y etileno y queda por verse si la compra que Pemex Fertilizantes hizo de Fertinal, apenas a finales de enero de este año, será rentable.

Como anticipamos en Tendencias, Pemex reportó una caída de sus ingresos de 400,000 mdp entre el 2013 y 2015, derivado de la caída de los precios del petróleo, gasolina, gas y en general, del llamado oro negro. Muchos han declarado sin fundamento que Pemex está en quiebra y debe venderse, pero ello está muy lejos de ser cierto. Por un lado, a Pemex se le cobran impuestos excesivos y por otra parte, tiene subsidiarias, principalmente refinación que son un lastre para la empresa, cuyas pérdidas antes se podían cubrir con las enormes ganancias de Pemex Exploración y Producción.

Según las cifras de la Agencia Internacional de Energía (EIA.GOV) de Estados Unidos, el Valor Agregado de la Refinación del petróleo para convertirlo en gasolina ronda entre 11 y 16 %, mientras que el barril de petróleo que yace en la tierra o mar, tiene un costo de extracción de 12 dólares por barril, y se vende en 25 dólares, tiene una utilidad superior al 100 %, incluso en tiempos donde el precio del petróleo está muy barato a nivel internacional, considerando que el mismo estuvo durante 10 años por encima de los 60 dólares, lo que significaría una utilidad del 500 %.

México durante muchos años, decidió que el gobierno debería llevar a cabo las “actividades estratégicas” relacionadas con la Seguridad Nacional. El gobierno, por no permitir la quiebra de empresas mal manejadas, fue dueño de fábricas de bicicletas, plantas de asfalto, aeropuertos, televisoras, estaciones de radio, estudios de cine, salas de cine, líneas aéreas, empresas de telefonía y hasta que se aprobó la Reforma Energética, detentó el monopolio de la producción y distribución de gasolina y diésel en todo el país, así como la producción, distribución y comercialización de electricidad.

Es casi imposible para el gobierno mexicano generar utilidades de las empresas que administra. Por un lado, los directores, aún cuando pudieran tener el currículum y experiencia necesaria (lo que no siempre sucede), no tienen ningún incentivo para generar utilidades, ya que su sueldo no depende de ello (como en la iniciativa privada), muy difícilmente recibirán el reconocimiento por ello y su próximo trabajo, tampoco depende del nivel de utilidades que generen.

Del otro lado, les es muy difícil negociar con los sindicatos gubernamentales condiciones favorables para la empresa y las prebendas que cada administración otorga al trabajador, prácticamente se heredan sin revisión alguna al siguiente sexenio.

En consecuencia, los contratos laborales de las empresas gubernamentales al paso de los años, se convierten en pesados lastres para la productividad empresarial y cuando los márgenes de operación y utilidad son reducidos, no es raro ver que las empresas gubernamentales presenten números rojos.

En el caso específico de Pemex con cifras al cierre del 2015, mientras que Pemex Exploración y Producción reporta utilidades de operación por 60,425 mdp, Refinación trae pérdidas por 18,131 mdp, además de que la carga laboral de Refinación es mucho mayor que la de Exploración, ya que el pasivo laboral de Exploración llegó a 379,151 mdp y el de Refinación es de 395,508 mdp.

Por si fuera poco, las cifras oficiales de Pemex señalan que la refinación de gasolinas bajó considerablemente en volumen en el 2015 frente al 2014. Ya que mientras en el 2014 se refinaban 422,000 barriles diarios, para el 2015 dicha cifra bajó a 381,000 barriles diarios, lo que también ayuda a explicar el por qué se adelantó la importación de gasolinas, misma que daría inicio en abril de este año, ante el posible desabasto de combustibles en todos los rubros, incluido diésel, gas licuado, combustóleo y turbosina, incluso.

Es muy importante recordar que la Reforma Energética ya le permite a Pemex, con la sola anuencia de su consejo de administración, comprar y vender empresas, incluidas las refinerías, mismas que podrían convertirse en un buen negocio en manos de un empresario que sepa administrarlas correctamente, o bien, quebrar como sucedió con Mexicana de Aviación si el nuevo dueño no puede llegar a un acuerdo con el sindicato, pero ya sería una cuestión entre particulares sin que se deba incurrir en deuda pública para subsanar sus ineficiencias operativas. Lo peor que podría hacer el gobierno es invertir en construir nuevas refinerías.

Igualmente, la Reforma Energética permite a los particulares construir sus propias refinerías, pero seguramente la viabilidad del negocio en al largo plazo, considerando el exceso de capacidad instalada actualmente en Estados Unidos y la amenaza del cambio climático que obliga a los países a buscar nuevas fuentes de energía, lo que han frenado las inversiones de momento, pero en cualquier momento podrían reactivarse, pensando en nichos específicos de mercado y en zonas geográficas específicas.

Pemex puede y debe vender las refinerías en lo que resta del sexenio, adelgazar al gigante para reducir los riesgos que conlleva su operación y permitir que sea la iniciativa privada, como sucedió con los aeropuertos, quienes inviertan en la remodelación y ampliación, obteniendo utilidades acordes al tamaño de su riesgo y de paso, la Comisión Federal de Electricidad debería buscar mecanismos alternos para que sea la iniciativa privada la que opere y lleve a cabo sus actividades de forma eficiente, sin que el resto de los ciudadanos debamos pagar por las prebendas sindicales gubernamentales, y tener servicios de buena calidad en mercados abiertos a la competencia global.

Perspectivas:

El recorte al gasto de Pemex es una excelente noticia, pero ahora es necesario vender las refinerías y todas aquellas operaciones que no son muy rentables. No es la labor del Estado extraer petróleo, como tampoco lo es vender electricidad.

Fortuna y Poder

Marco Mares
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