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Columna

Ni muy muy… ni tan tan. Si, muy, muy… pero casi nada

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En México, (según la Asociación de Internet MX) casi el 90% de los mexicanos tiene un teléfono inteligente. El 40% del total tiene un ingreso que lo ubica entre los niveles socioeconómicos AB y la edad promedio es de 37 años.

Los datos confirman que en el 2016 cerca de 44 millones de usuarios del internet (68%) usaron al menos una vez la banca electrónica y, aunque porcentualmente es menor, si se le compara con el estudio de dos años atrás, el crecimiento en usuarios de la banca electrónica es importante si se le ve en números absolutos.

O sea que más mexicanos usan ahora la banca electrónica, pero del gran total, un porcentaje menor es el que lo hace.

Como ya era de esperarse, los dispositivos más usados para transacciones bancarias son: el 79% usa la computadora personal el 55% usa el teléfono inteligente y tan sólo el 20% utiliza las tabletas para este fin (casi todos ellos pertenecen a los llamados Millennials).

Hasta aquí todo bien; no obstante que los propios bancos impulsan el uso de las nuevas tecnologías, también confirman el aumento de actividades delictivas por esta misma vía.

Aunque los intentos de ataque a las plataformas digitales de los bancos apenas llegaron a 7 en el 2015, la sensación de que los sistemas no son confiables ha venido en aumento. Quizá por la amplia publicidad que se da a los casos conocidos como los de la pérdida de información administrativa; o el franco robo de datos de usuarios que los medios han reportado oportunamente.

Entre los usuarios bancarios que lo único que queremos es no tener que ir a la sucursal bancaria para todo lo que signifique un movimiento bancario, quizá el engaño más común es el que se refiere a las páginas apócrifas, eso que llaman en el lenguaje digital “phishing”.

Tan sólo en el 2015 y la mitad del 2016, el banco español color rojo reportó más de 3,ooo páginas falsas mientras que el español azul lo hizo con más de 2,500.

La banca sabe que el camino a seguir para potencializar su negocio es el de atraer a más clientes a que utilicen los servicios digitales y de esta manera minimizar la necesidad de las clásicas sucursales bancarias cuyos costos de operación se elevan a muy importantes cantidades las cuales, por supuesto, pagamos los usuarios.

Hace unos 25 años, cuando se puso de moda el término “bancarizar”, a lo que se apostaba era a diferenciar los servicios bancarios en el entorno de la sucursal: como las cajas para los clientes VIP (aunque hay que decir que los VIP no acuden casi nunca a la sucursal bancaria) y los clientes comunes y corrientes que utilizaban el resto de las cajas disponibles.

El crecimiento de los usuarios bancarios se comenzó a notar por factores diversos, entre ellos la obligatoriedad de las autoridades a que las empresas y patrones pagaran a través de cuentas bancarias y no en el clásico sobrecito con el dinero de la quincena.

Si la banca creció en número de usuarios, pero la cifra de personas por bancarizar en México está en cerca de los 50 millones de individuos a las cuales se han apuntado los tiros de la banca digital.

En un reporte de The Competitive Intelligence Unit (CIU), con datos de la CNBV, que a marzo del 2015 6.43 de cada 100 mexicanos utilizaban el servicio digital de su banco. Esto es que existían 5.6 millones de cuantas bancarias vinculadas a un celular.

Aunque el crecimiento 2014 – 2015 significa un 57% el CIU afirma que en México existían hasta el 2015 casi 105 millones de líneas telefónicas móviles mientras que apenas 53.5 millones de mexicanos utilizan algún producto financiero de depósito, ya sea de ahorro o de seguros, las cifras apuntan a que los servicios de banca móvil tienen un potencial de bancarizar a más de 51.0 millones de mexicanos.

El CIU destaca que conforme aumenta la penetración de los teléfonos inteligentes y la banda ancha, el número de usuarios de este tipo de productos se incrementa, pero aún se encuentra en niveles bajos si lo comparamos con otros países.u

De las personas bancarizados en México sólo 11% realiza transacciones a través de su teléfono inteligente.

Los motivos por los que los mexicanos no utilizan la banca móvil tienen que ver desde la falta de ingresos suficientes hasta la desconfianza y seguridad. El estudio identifica que conforme aumenta el nivel socioeconómico, incrementa el uso de transacciones bancarias, pero aun así existe una baja penetración en el nivel alto de la población con 32 por ciento. La reticencia a utilizar este tipo de herramientas, según el documento, tiene que ver con las siguientes causas: desconocimiento 29%, motivos de seguridad 22% y falta de interés 12%.

La paradoja está en que no obstante que México es uno de los países con mayor uso de aplicaciones para los teléfonos inteligentes, así como de las mensajerías tipo Whatsapp, el uso de los dispositivos móviles no apunta, aún, hacia un crecimiento importante en el uso de servicios que faciliten la tarea de los servicios bancarios o del pago de servicios en comercios.

Atender los temores de los usuarios (justificados o no) por la falta de seguridad en las transacciones (percepción mayor a la realidad) y por la creciente falta de credibilidad en las autoridades e instituciones que manejan nuestros ahorros, es una tarea que se antoja de largo aliento.

*Con información de artículos publicados en El Economista.

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